jueves, 11 de octubre de 2012

Mamá, de habitación en habitación, escucha música clásica.


Litesofía, 11 octubre 2012
Fragmento

Mamá, de habitación en habitación, escucha música clásica: “Pon música
de la que a mí me gusta”, me dice. Se oye en toda la casa, sin
estridencias, una de las “Melodías más bellas del mundo”: Danza eslava
nº 1 en Re mayor. A los jóvenes les agrada más otra música. Prefieren
canciones de ritmo trepidante, que escuchan en discotecas.

La música es necesaria. Los Centros docentes deben tener hilo musical.
Siempre será un sedante para los nervios. La casa alegre que debe ser
la escuela, no puede estar ayuna de música. Los niños deben entrar con
música al Colegio y deben salir escuchando música, y casi diría que
deben trabajar con música. La música alegra el trabajo y el espíritu.
Sólo que hay que escogerla bien para las distintas situaciones.

Si queremos que el niño goce con música clásica, que la prefiera, que
la sienta, nada mejor que dársela a oír. Poco a poco, en el ambiente
de trabajo, se irá adentrando en el espíritu de los pequeños. Si a
esto añadimos nociones de compositores y títulos de sus obras, los
niños sabrán siempre distinguir piezas que escuchen ocasionalmente.

Es una triste realidad que hoy muy pocos saben música. Los niños
apenas saben quién es Beethoven, Strauss, Bach o Vivaldi; y si oyen
una sonata no la distinguen de una ópera.

El boom de la música ha de llegar. Ya los Conservatorios se llenan de
niños ávidos de saber solfeo y de tocar algún instrumento. La música
debe ocupar el rango que le corresponde. Pronto nos inundaremos de
música en las escuelas; otra cosa no tiene sentido. Que no se sepa
quién es Falla, Breton o Tchaikovsky dice muy poco de nuestro sistema
educativo. Que no guste Albéniz es sintomático de enfermedad educativa
grave.

Qué ambientes tan distintos los del Conservatorio y la discoteca. En
los dos hay jóvenes, en los dos hay música. Pero son diametralmente
opuestos. En el Conservatorio, los jóvenes sueñan con llegar a ser
grandes músicos –pianistas, guitarristas, violinistas- y aprenden
solfeo, historia de la música, canciones. En la discoteca, los jóvenes
no sueñan con llegar, viven aburridos un presente cargado de humo y
tedio.

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