Litesofía –entre literatura y filosofía-, 1 marzo 2014, sábado, S. Félix
Fragmentos
INVITADOS
Hay pueblos donde mandan forasteros. Personas que llegaron, se afincaron, y escalaron puestos hasta alcanzar el podio del dirigismo político, social y económico. Yo veo a estas personas, usurpando terrenos que no les corresponde; como viviendo de prestado, o fuera de lugar. Encuentro la situación extraña. Estas personas, para mí, no debían de estar donde están. O estar, pero callados, con el permiso de los indígenas, sin opción al estrellato.
Es humillante para los nacidos dentro, que otras personas vengan de fuera a decirles lo que tienen que hacer. Una situación parecida a la que se produjera si en nuestra casa mandaran los vecinos, o si en España hubiera un gobierno inglés. Algo repugna de esta situación. No es normal que quienes debían sentirse agradecidos por la acogida que se les dispensa, sin voz ni voto en sus problemas, estén ahí, arriba, ordenando lo que hay que hacer. Sencillamente humillante.
GRUPOS
La fauna humana es variadísima. Cada persona es diferente. Siete mil millones de especies en el mundo. No me refiero al aspecto físico o externo, que salta a la vista, me refiero a la manera de ser, al carácter, al temperamento.
Hay grupos semejantes, que reaccionan de forma parecida ante los mismos estímulos; son los grupos que conocemos de Heyman-Le Senne, de Krestmer, de Young, de Hipócrates, etc.: nerviosos, sentimentales, coléricos, apasionados... Pero iguales, lo que se dice iguales, nadie es igual a otro.
Hay personas que obran por que los vean. Me explico: personas que quieren que los demás los admiren. Se desviven por hacer cosas, no tanto por hacerlas como porque los demás hablen de ellos.
Esta forma de ser es positiva, ya que, por una razón u otra, conciben, engendran y obran. No soportan pasar desapercibidas: quieren ser enfocadas, que se diga de ellas. Y en ese afán, en esa locura de figurar, se multiplican, llegan al límite de sus posibilidades.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia