INDICIOS
Hablar mucho puede ser una forma de disfrazar la propia ignorancia. Lo vengo observando en algunas personas. Cuando alguien habla y habla, no deja hablar a los demás, y de esta suerte, sólo dice lo que sabe, lo que repite como un loro. Suele ocurrir que estas personas deslumbren a algunos oyentes poco dados a ciertas sutilezas del espíritu. "¡Qué bien habla! ¡Cuánto sabe!", dicen luego.
Hablar sin desmayo, sin dejar hablar, puede ser indicio claro de poca seguridad, de miedo o temor a que el oyente suscite cuestiones que no domina. La persona segura de sí, plena de ciencia, suele ser sencilla, de poco hablar; observa y apostilla si conviene; cuando habla lo hace con claridad y concisión.
En la mujer, la mucha palabrería repele. La más zafia puede ser interesante callando. La mujer que quiere deslumbrar, no habla; sólo aprueba. La mujer no es interesante nunca por hablar mucho. El hombre que tiene de pareja a una mujer que no discute, lo sabe.
Francisco Tomás Ortuño