Litesofía –entre literatura y filosofía-, 21 Mayo 2.013, martes
CASUALIDAD
La casualidad nos deja a veces perplejos. Que vayas al teatro en Madrid no tiene nada de particular; que a la misma función vaya un amigo tuyo por su cuenta, casi tampoco; pero que a los dos, y sólo a los dos, os toque un premio en una rifa, ya es casualidad. Que estés en Francia no tiene importancia hoy; que preguntes a un señor que pasa dónde hay un museo, tampoco; pero que este señor sea español y de tu mismo pueblo, ya es casualidad. Para mí la casualidad es el destino que juega con nosotros. "¡Qué casualidad!", exclamamos cuando vemos a una persona que buscamos en una multitud. "¡Qué casualidad!", decimos cuando topamos con la solución de algo. "¡Qué casualidad, tocarme la lotería!".
Hay detrás de toda casualidad algo extraño y misterioso que actúa sin que nos demos cuenta. Vemos el resultado y nos sorprende, pero apenas reparamos en el fenómeno taumatúrgico del asunto. El tema de la casualidad entra en la materia ultrasensorial de la catalepsia, de la hipnosis, de la clarividencia, de la adivinación; en el terreno de la parapsicología, de los sueños y del más allá. Un mundo que está ahí, que nos sacude con violencia, y que no podemos comprender.
La telepatía es un hecho de la vida corriente, y, sin embargo, espera su turno. Juega a ofrecerse y a ocultarse. El hombre sabe que es un hecho cierto, que lo ha experimentado, pero se le escapa como el humo. No es materia de disección y análisis. Es inaccesible todavía. Con la casualidad ocurre como con la telepatía o la premonición. No llegamos a saber qué la produce, qué hay detrás de la misma, aunque sepamos que existe. Yo pienso en alguien y en seguida me encuentro con esa persona. "¡Qué casualidad!", me digo. Pero detrás de esa casualidad hubo algo misterioso que la produjo, algo que provocó la coincidencia de pensar en una persona y que esa persona se encontrara allí.
Nos vamos acostumbrando a ver como natural lo que está fuera de toda comprensión. Puede ser que pronto podamos entender estos hechos y hasta conducirlos como ha ocurrido con la corriente eléctrica.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia