jueves, 27 de febrero de 2014

GPS.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 27 febrero 2014

Murcia, las siete y media, en mi retiro otra vez. Ayer fuimos Miguel y yo a Elche, gran ciudad alicantina.
-¿Qué se os había perdido en Elche? No me lo digas; a dar un paseo con el coche nuevo.
-Hemos ido en el Skoda Fabia, pero el motivo era otro. Miguel tenía que recoger su Título de Inglés en unas oficinas.
-Pues muy bien que lo veo. Elche es grande, casi tan grande como la capital. Hay otro Elche, de Albacete, que es más pequeño.
-¿Me lo vas a decir a mí? Allí pasé cuatro años de Maestro con mi tío Jesús Loncán, con Zoila, con Nicolás, con Pepe y con Antonio. ¡Qué buenos recuerdos guardo de este pueblo y de sus gentes.
-Es que tenías veinte años y los recuerdos de esa edad son siempre buenos.
-Escribí un soneto que dediqué a mi tío. Decía así: -Elche, pueblo escondido en una sierra –al abrigo de vientos destructores, -que sabe más de amor que de rencores, -que vive más con Dios que con la tierra… Y terminaba así: -Mas deja que te diga como amigo –que fuera de esa atmósfera que digo –también juega el demonio por lo bajo. 
Cuando se lo di a leer a don José Rodríguez, natural de Elche y compañero de profesión, debí tocar su fibra poética: a otro día me contestó con otro soneto. Fuimos más amigos desde aquel cruce de poesías y me invitaba algunas tardes  a ir a su cortijo a merendar y a bañarnos en su pìscina.

-¿Pero vas a hablar del otro Elche?
-¿Rl de las palmeras? Sí, claro. Hubiéramos tenido que preguntar por la calle Benlliure si no hubiéramos llevado un GPS.
-¿Un qué has dicho?
-Lo que te diga es poco. Un chisme que le dices: “Vamos a Elche, calle Mariano Benlliure, número quince”. Y te guía como un lazarillo a un ciego: “Ve hacia Alicante cuarenta kilómetros sin dejar la autopista; luego dobla a la derecha y en la rotonda que encuentres, coge la segunda salida”.
-¿Y si te pasas o te equivocas?
-Te pide rectificar: “No era este el camino; vuelve en el primer cambio de sentido y toma la Nacional 519 que te dije antes”.
-Si no lo veo no lo creo, como dijo Santo Tomás a los demás apóstoles.
-Eso me pasaba a mí y le pregunté a Miguel cómo podía saber tanto la maquinita.
-¿Y qué te dijo?
-Que a través de un satélite artificial de los muchos que vuelan por el espacio, y un teléfono. Ambos se comunican: uno pide información a cada instante y el otro se la facilita. Son como un espejo donde rebotan las preguntas y las respuestas.
-¡Qué cosas, Facundo! Si nuestros padres levantaran la cabeza, se morían del susto.
-Y lo que veremos, que esto no ha hecho más que empezar. Cada día trae cosas nuevas.
-Llegamos a la puerta de un edificio alto y oímos: “Has llegado a tu destino”. Iba a decir que solo le faltaba hablar, pero es precisamente lo que hizo.
-Aquí los sordos están en desventaja.
-¿Qué quieres decir?
-Que con signos, en el Congreso saben lo que están diciendo, pero aquí no van a utilizar este lenguaje.
-Es verdad, pero sobra que hayas reparado en esa falta para que mañana lo vendan  con lenguaje para sordos incluido.
-¿Has seguido el debate del Estado de la Nación? Con lo rápido que hablaban los diputados, podían comunicar con las manos lo que estaban diciendo,
-Verás como todo llega. ¿Se van a conformar los que no oyen a no ser en todo como los que oyen?
-Con los ciegos será lo mismop, ¿verdad, Luis?
-Exactamente lo mismo, Juan.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño, Murcia