viernes, 21 de junio de 2013

Remedos.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 21 Junio 2.013
REMEDOS
            Que Dios es el más grande novelista de la historia no cabe duda. Los del gremio deberían erigirle una estatua en la Plaza Mayor de las ciudades, donde rezara: "A Dios, novelista sin par en la historia del mundo".
Los hombres, a su imagen y semejanza, crean algo de vez en cuando, pero El  inventó al hombre. Nosotros tenemos modelos, pero El partíó de cero: no tenía precedentes. Un día se despertó con el capricho entre ceja y ceja y ¡zas!, creó el universo. ¿Cabe mayor imaginación?
            Las obras humanas son un pobre remedo de la obra del Maestro. Se conciben con la mente y ahí quedarían si no se dieran a conocer por medio de signos que tuvimos que inventar. Con todo, hay personajes de ficción que hacen su vida por su cuenta y hasta se independizan de su inventor.
Hasta se rebelan, como el ángel indócil, si se les ordena que hagan lo que ellos no quieren hacer. ¿Le pasaría lo mismo al Creador del hombre? ¿Se le complicaría a Dios su obra como al que inventara un robot y no pudiera dominar sus pasos?

                                                                                   Francisco Tomás Ortuño, Murcia