domingo, 9 de diciembre de 2012

Lo peor que puede ocurrir a un niño...


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 7 diciembre 12 
UNA FIESTA
            Lo peor que puede ocurrir a un niño, a una niña, es que sienta terror, pánico, pavor,  por la escuela, cuando esta debe ser una fiesta de sonidos y colores para ella, para él.
¡Ay, qué importante es el maestro! El niño, la niña, lo es sobremanera por su inteligencia natural, que manda; pero el maestro, cual jardinero,  es el artista que hace que se desarrolle debidamente.
El mal maestro aborta voluntades, anula inteligencias. El buen maestro viste de fiesta el aula: la ilumina con bellas luces, la inunda de música; pone alas en los pequeños: les hace soñar, correr, saltar, sentirse en una casa encantada.
El maestro es el artista que, como si no hiciera nada, conduce a cada niño, según naturaleza, por los caminos de la ciencia y de la virtud. Esto no lo comprenden los que gritan ni los tristes; los que, en definitiva, hacen que los niños y las niñas amen “los puentes”.

¿Es igual decir chicharras que cigarras?


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 5 marzo 12, lunes
Fragmento
-¿Es igual decir chicharras que cigarras?
-Lo mismo da que lo mismo tiene. ¿Conoces la fábula de “La cigarra y la hormiga”?  Fue a pedir comida a la hormiga y ésta se la negó. “Tanto cantar y tan poco trabajar, os lleva a esta lamentable situación. Sois unas holgazanas”.
La chicharra es un músico fenomenal. Como no tiene voz produce un sonido con el cuerpo. Su canto puede escucharse a más de quinientos metros de distancia. Si no temiera cansarte te hablaría de estos hemípteros.
-¿Por ejemplo?
-Los machos emiten sonidos diversos, cambiando la intensidad, el ritmo y la velocidad, para atraer a las hembras. Y éstas contestan con otros sonidos. O sea que, ahí donde las ves, tienen su lenguaje.
-¡Vaya con las chicharras!
-¿Sabías también que hay más de mil clases distintas de cigarras?
-Juanita, que te llaman.
-Lo sé, pero no es mi tipo.
-Es como la cigüeña blanca que llega de visita al nido de otra cigüeña. Lo primero que le dice es que viene en son de paz: alarga el cuello y lleva para atrás su cabeza hasta tocarse el lomo con ella horizontalmente. Es decir, que se comunican lo mismo. Creemos que somos nosotros los únicos que hablamos, cuando cualquier animal, grande o pequeño, le pide relaciones a una hembra, o se pelea por ella, para ganar su aprecio, cuando hay varios pretendientes.
-¿Me quieres a mí?
-Es que me rondan otros tres galanes. Me quedaré con el más fuerte.
-Convócanos esta noche en tu puerta y saldrás de dudas, amada mía, yo soy el mejor.
-Demuéstralo, valiente mancebo; no es por mí que es por mis cigoñinos y por la especie, compréndelo.