domingo, 9 de diciembre de 2012

Lo peor que puede ocurrir a un niño...


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 7 diciembre 12 
UNA FIESTA
            Lo peor que puede ocurrir a un niño, a una niña, es que sienta terror, pánico, pavor,  por la escuela, cuando esta debe ser una fiesta de sonidos y colores para ella, para él.
¡Ay, qué importante es el maestro! El niño, la niña, lo es sobremanera por su inteligencia natural, que manda; pero el maestro, cual jardinero,  es el artista que hace que se desarrolle debidamente.
El mal maestro aborta voluntades, anula inteligencias. El buen maestro viste de fiesta el aula: la ilumina con bellas luces, la inunda de música; pone alas en los pequeños: les hace soñar, correr, saltar, sentirse en una casa encantada.
El maestro es el artista que, como si no hiciera nada, conduce a cada niño, según naturaleza, por los caminos de la ciencia y de la virtud. Esto no lo comprenden los que gritan ni los tristes; los que, en definitiva, hacen que los niños y las niñas amen “los puentes”.

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