viernes, 23 de noviembre de 2012

El colegio va a abrir sus puertas.


Litesofía, 18 sept. 12
> Fragmento
> …
> El Colegio va a abrir sus puertas. Cientos de niños llenarán las aulas. Unos por primera vez, otros ya veteranos. Los Profesores esperan que el telón se alce para empezar la función.
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> Sencillez en todo; esta es la clave. Si no, puede ocurrir que descuidemos lo principal –el niño, la enseñanza- por cosas secundarias. Maestro, niños y objetivos a lograr. No perder de vista lo que se pretende.
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> Vamos a meternos en la cabeza de una vez por todas que la escuela no es la universidad. En la escuela se debe aprender lo básico, y se debe aprender a estudiar, con unos niveles mínimos por alcanzar.
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> La escuela debe ser eso: ejemplo de vida social, donde no caben palabras malsonantes ni gestos de pesimismo. El niño aprende a ser persona allí, y lo que vea y haga, será luego de mayor.
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> La escuela debe renovarse. El niño debe sentirse allí bien, feliz. El maestro debe ser un amigo y un padre con todos. La escuela debe ser un modelo de sociedad, donde se practiquen las virtudes y no se adviertan los males que haya fuera.
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> Sencillez, amor, alegría, ambiente grato. Sacudid, maestros, ahora que empieza el curso, vuestras tristezas, vuestros temores; quedaos sólo con las ansias de vivir que habéis de transmitir, con el optimismo que habéis de generar en los niños, con el amor que habéis de llevar a sus almas.

Escribir un poco cada día, a modo de diario...


Litesofía, 26 septbre. 12
> Fragmentos

> Escribir un poco cada día, a modo de diario, como es costumbre en mí, > aparte de ser un grato pasatiempo, puede servir, como las fotos, de recuerdo para saber cómo éramos antes y en qué ocupábamos nuestro tiempo.
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> Hay personas que coleccionan sellos, o llaveros, o monedas. Yo
> colecciono hechos, trozos de vida. El fin es quizás el mismo, aunque esta ocupación, para mí, es superior a las otras.
>
> …
> Mi gran ilusión sería que estas hojas que escribo sirvieran, con el paso de los años, para reunir a mis hijos con sus familias, en este mismo lugar, donde tantos recuerdos habrían de encontrar de sus años de la infancia.
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> Y en ese encuentro, que dedicaran unos minutos a leer de este diario. Si esta idea se cumpliera, mi pasatiempo de hoy habría servido de mucho más de lo esperado.

La señora del tiempo se empeña en que llueva.


Litesofía, 28 sept.12, Viernes, San Wenceslao La señora del tiempo se empeña en que llueva, pero en Murcia no quiere llover. Yo creo que quienes gobiernan arriba se ríen de ella. “¿Qué dices, mona, que va a llover? Pues ahora no llueve”. Debe de ser una cuestión personal. ¿Sabemos acaso en qué se entretienen los santos? ¿Si tienen o no sentido del humor? Porque en el Cielo recordarán lo que hicieron aquí,en su otra vida, y hasta gastarán sus bromas con los que fueron amigos suyos. Inocentes sí, que ellos no pueden hacer mal. Si una amiga de Mónica murió y quiere pasarlo con ella, se dirá: “No digas que va a llover, que yo haré que sea lo contrario, que cuando Dios quiere con todos los aires llueve. ¿Te acuerdas, Mónica, de cuando tú me llevabas la contraria en todas las discusiones? Eras buena, pero más terca que una mula. “Yo te rogaba: Vamos a tal sitio el domingo”. Y tú decías: “No, Cloti, que va a llover”. La afición a predecir el tiempo lo llevabas en la sangre, aunque no acertabas nunca. No me digas que no. Yo decía una cosa y tú la contraria. Buena, sí eras, Mónica, pero cabezona como nadie. Te lo dije más de una vez: “Eres Tauro y no lo puedes negar”. Mira que si fuera aquella Cloti la que ahora no deja que llueva en Murcia. ¿Lo habrá pensado la meteoróloga? Yo si tuviera amistad con ella, le propondría lo siguiente: “Cuando quieras que llueva por una Región, di que no va a llover”. Sería una prueba para saber si detrás estaba la amiga. ¿Qué nos importaba aquí que se equivocara? Con que lloviera y se llenaran los pantanos no queríamos más; que se equivocara o acertara nos tenía sin cuidado. En Santana una vez le hacían rogativas a la Abuela para que abriera los grifos de las nubes. Tuvo que ser algo así, otra jugada inocente de alguna santa, que abrió las compuertas celestiales de tal modo que tuvimos que bajar con barcas al pueblo. Los frailes luego le riñeron: “¡Abuela, que no era para tanto: te has pasado!”, y la castigaron con un mes en la bodega.  Yo no sé si en el cielo ven nuestras acciones y si gastan bromas con nosotros, pero hace pensar que sí. ¿Serán estos santos los que nos administren y se desquiten de acciones terrenales anteriores? Mal no harán, que como santos no pueden, pero que a veces rozan la perversidad, no tengo duda. Así me explico que luego digan: “Si Dios es bueno, ¿cómo permite el mal?”. Y no es Él sino los graciosos santos que administran sus servicios. No son malos, que no pueden, pero a veces… Me consta que a alguno el mismo Dios lo ha tenido que llamar al orden: -¡Qué haces, Serapión?. -Ha sido una broma. -Te vengo observando y creo que llevan maldad tus intenciones. -Perdone, Padre, no pensaba que mis obras podían interpretarse así. -Mañana te espero en confesión.

Los niños se buscan unos a otros.

Litesofía, 6 oct. 12 -fragmento-

> ¡Ay, los niños!

> Los niños se buscan unos a otros. Su mundo son ellos y sus juegos. Los mayores no contamos. Vivimos cerca y lejos; con ellos pero aparte. El mundo de los niños está próximo y tan distante del nuestro que no se vislumbran.

> Repito lo que he dicho ya otras veces: el niño recorre en pocos años la historia de la humanidad –paralelismo entre ontogenia y filogenia-; el adulto ha llegado. Así que, entre un niño y un adulto hay siglos de distancia, aunque vivan juntos. Y esto a veces no se tiene en cuenta y se trata al pequeño como a un mayor.

> Los padres, los adultos en general, deben de saber que los niños no comprenden nuestros problemas. Cuando observo que les hacemos participar de nuestro sofisticado mundo, creo que estamos cometiendo con ellos una gran injusticia.

> Ellos deben vivir en niño, ver cosas de niños y hacer cosas de niños. Pero por abuso de fuerza y de autoridad, la sociedad está montada por mayores y a la medida de los mayores, y queremos que los pequeños vivan a gusto en ella aunque no puedan.


Me imagino que a los hombres primitivos les hubiera ocurrido lo mismo> si los trasplantan a una gran ciudad. Aquellos rudos seres de cuevas y hachas de piedra, se hubieran asfixiado con nuestra civilización.

> Todo a su debido tiempo. “Que aprendan pronto”. Tremenda equivocación. “No por mucho madrugar, amanece más temprano”. Los niños son niños y deben ser niños; querer para ellos cosas de mayores es no comprenderlos y no quererlos.

> Al niño juegos, palabras, alimentos y hechos de niños. “¿Cómo quiere que comprenda lo que no está en mí comprender?”. “¿Cómo quiere que corra si no sé andar?”. “¿Cómo se empeña en que haga lo que no es tiempo de hacer?”.

> Los niños viven con nosotros pero en otro mundo. Un mundo,
> geográficamente próximo, confundido con el nuestro, pero distante, alejado, tan alejado que no se puede distinguir.

> ¿Qué piensan los niños? Todos lo fuimos antes, pero pasó tan deprisa la edad, como un meteoro en la noche, que apenas se recuerda. ¿En qué piensan los niños? El adulto lleva una marcha lenta porque ha llegado. Si quieres, va al paso de la humanidad. Pero el niño vuela, va deprisa, corre vertiginosamente. En pocos años recorre siglos de vida.

> ¿Cómo pueden pensar los niños? ¿Se puede dar mayor milagro? Su vida es un disparo hasta que llega arriba, con los mayores. Un milagro cada niño. Si pudiéramos entrar en ellos un instante, creo que nos asustaríamos. Respeto y asombro para los niños.

> Escribir para niños es empresa ardua, nada fácil. Llegar al niño con acierto, pura casualidad. Se expone el escritor a pasarse o a no llegar a su terreno. Quizás lo mejor fuera ofrecer, simplemente ofrecer, y que él recoja lo que necesite. Darle “porque es lo suyo” me parece demasiada presunción por nuestra parte.

¿Quién no ha tenido sus ídolos?


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 23 Noviembre 12, Viernes.
            ÍDOLOS
            ¿Quién no ha tenido sus ídolos? Cándido fue para mí un ídolo. De niños, la ilusión hace soñar, ser idealistas, ver las cosas de otro modo a como son en realidad. Así nacen los ídolos. Son éstos las personas que quisiéramos llegar a ser nosotros. Son como dioses. A nuestra vista se ofrecen sin ningún defecto.
Cándido fue para mi el mejor portero que se pueda imaginar. Mis ojos lo devoraban cada domingo con entusiasmo, con devoción, cuando salía al campo botando la pelota. Recuerdo sus rodilleras, sus guantes, su jersey marrón, sus movimientos bajo los palos.
¡Cómo gozaba yo viéndole saltar, indiferente al público, haciendo ejercicios de calentamiento! No es posible imaginarlo. Me reía pensando en el equipo contrario de turno, que indefectiblemente se estrellaría en la barrera infranqueable que era Cándido.