Litesofía –entre literatura y filosofía-, 1 Abril 2.013
ALCALDES –fragmento-
En la terraza tomamos el café. La noche era espléndida. A mi derecha estaba Dorita, concejala del ayuntamiento. Le dije pronto, en un aparte, en broma y en serio, que para mí los partidos políticos más que resolver problemas los creaban; que lo mejor sería encontrar a la persona reconocida por su bondad, por su inteligencia y por su amor al pueblo, para que fuera alcalde.
Su respuesta fue rápida, tajante, como preparada; diría que ya la había utilizado: "¡No se encuentra a la persona íntegra!; cuando crees que alguien es cabal, arañas la superficie y ves que no es así". "Quizás", seguí yo un tanto desconcertado. Sus ojos, a través de unas gafas oscuras, me seguían mirando, y pronto, con el pretexto de tener otros asuntos, nos abandonó. Yo hubiera seguido hablando con ella. Fue la nuestra una conversación cortada, sin sobremesa.
La mujer inteligente y diplomática, hace lo propio: corta justo cuando quedan ganas de seguir. Así su recuerdo es más grato y su retorno más deseado. Es la clave de la coquetería femenina.
Que no hay personas íntegras, cabales, perfectas, ¿qué duda cabe? Pero dentro de nuestras limitaciones humanas, la persona que demuestra real querer y real saber, hará más que muchas medianías. No cuenta tanto el número de opinantes como la calidad de sus entendederas.
Le hubiera dicho a Dorita, si seguimos, que no estaba de acuerdo con su teoría. Dos nadas hacen una nada; y cien nadas son menos que una mitad. Si la persona elegida para alcalde es esa mitad, ya vale por todos los que no le igualan.
Ay, Dorita, ¿cómo te diría yo que tú me pareces la mujer idónea para dirigir el pueblo? Sí, tú, mujer lista, que estás de vuelta de muchas cosas y afrontas con entereza otras de más calado. Yo te daba a ti, mañana mismo, el mando del Ayuntamiento, Dorita. Pero a ti sola. Estoy seguro que sabrías llegar al corazón de tus paisanos. Convéncete, Dorita, la discusión acalorada, encontrada, es poco efectiva. No sale la luz de estas reuniones. En las asambleas de Ayuntamiento -plenos o permanentes- sobran ediles a mogollón.
En los Colegios e Institutos, pasa lo mismo. Es para mí el fracaso del nuevo sistema escolar. Cuando un Consejo de Centro, formado como sabes por padres, alumnos, profesores, personal no docente y representantes de ayuntamiento, se sientan a deliberar sobre programaciones y evaluación de resultados, fíjate bien, Dorita, cuando esto ocurre, se ha roto la paz y la eficacia en los centros educativos. No se va a las reuniones con la mejor voluntad; hay siempre otros intereses escondidos y bajos que llevan a enzarzarse en estériles discusiones.
Francisco Tomás Ortuño