martes, 8 de octubre de 2013

Bienvenida.

Bienvenida
-¿Me ves?, ¿puedes hablar conmigo?, ¿cómo llenas tu tiempo, Bienvenida? Es que no me lo imagino. Antes de partir sé cómo eras y lo que hacías, pero después…
¿Qué es una eternidad de gloria? Si no se escucha la brisa, si no se ven las estrellas, ni los montes, ni los mares, ¿qué gloria es la tuya? Aquí decimos a los niños que “Gloria es el conjunto de bienes sin mezcla de mal alguno”, pero los niños se conforman pronto. Yo sigo sin entenderlo.
De ti para mí, Bienvenida, ¿no es aburrido no tener tentaciones? Un deseo te distrae con llegar a lograrlo -¿lo hago?, ¿no lo hago?, ¿puedo?, ¿no puedo?-.  En la lucha está la gracia y en el fracaso el esfuerzo para probar de nuevo. La vida diaria tiene sus alicientes en esos logros o frustraciones.
Pero vosotros, ¿cómo engañáis al tiempo? ¿O no tenéis tiempo, Bienvenida? Porque si vais a vivir una eternidad, ¿en qué se convierte el tiempo para vosotros? Yo quisiera contactar contigo, querida santa; verte, aunque fuera unos segundos, en tu diario devenir. ¡Cómo me gustaría ahora, en puertas de salir, ver lo que me voy a encontrar!
¿Es una consigna vuestra no hablar con los humanos? Debe ser así, porque si no ¿qué madre o padre no lo haría?

                                                                                 Francisco Tomás Ortuño,  Murcia