Litesofía –entre literatura y filosofía-, 17 Junio 2.013
VALIDO
El Conde-Duque de Olivares gobernó en España del veinte al cuarenta del siglo XVII. El rey era Felipe IV, pero quien llevaba todo el peso de la política era él, su valido. Era el Conde-Duque un tipo pícnico, de temperamento variable: pasaba fácilmente de la euforia extrema a la depresión. Ciclotimia se llama tal fenómeno. Velázquez pintaba en su tiempo. Lope, Quevedo, Calderón, son también de esta época. Portugal se separó de España, Cataluña también; lo intentaron Andalucía y Aragón. La rendición de Breda -inmortalizada por Velázquen en su cuadro "Las lanzas"- tuvo lugar en aquel entonces. Breda es una ciudad de Holanda, que se levantó contra España, pero allí estaba nuestro ejército mandado por Espínola, que le hizo desistir. Olivares fue un dictador en su tiempo y acabó medio loco. Conoció, como todos los mortales, la gloria y el fracaso, la dicha y el infortunio. Uno más, pues, en la viña del Señor. Se creyó un dios y se estrelló con el desprecio de sus compatriotas.
Yo les hubiera dicho al Conde y al mismísimo rey, lo que dijo San Pablo a los Tesalonicenses: "No os canséis de hacer bien; y si alguien no os obedece no le miréis como a enemigo, sino corregidle como a hermano" Tes. 3-15. Sólo así los gobernantes alcanzarían la gloria.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia