miércoles, 17 de octubre de 2012

Cuando entré en el local...

Litesofía –entre literatura y…-, 17 Octubre 12

Cuando entré en el local, se hablaba de parejas que tuvieron que

casarse rápido, casi niños, sin concluir sus estudios; de padres que
lo pasaban mal por la vergüenza de confesarlo; de que los jóvenes
sentían dolor, rubor y miedo por lo ocurrido; de que había una especie
de acusación tácita en estos trances; casi una recriminación social
sin rebozo.

Para mí –repuse-, fue una situación normal creada por la transición.

En el cambio tuvo que haber, lógico, por la propia inmadurez del
nuevo ente, tropiezos y fracasos con aciertos. El paso de una sociedad
reprimida a otra libre, emancipada, era de tal magnitud, de tal
envergadura, que pasar de la una a la otra sin percances, hubiera sido
un milagro.

Se dio en todos los órdenes –seguí-: en lo político, en lo económico,

en lo social. ¿Qué ocurría en el campo religioso?, ¿en la educación?,
¿en la calle? Convulsiones sísmicas. La vida cambió de signo; y las
personas tuvieron que adaptarse. Desconcertados, era evidente y lógico
que aquí y allá, hubiera sus caídas.

Esos matrimonios eran la consecuencia del cambio a la libertad. Era

que cruzaban un puente miles de personas, y en el tumulto, algunas
caían. ¿Culpas? Quizás fuera mejor hablar de situaciones
desgraciadas. Yo así lo veo –terminé-. Eran víctimas del momento.