Litesofía –entre literatura y filosofía-, 2 marzo 2.013
Fragmentos
RIELES
He visitado el Museo de Bellas Artes de Murcia. Es un lugar regio,
majestuoso, importante; suelos alfombrados, salas con mucha luz,
cuadros famosos en sus muros. En los Museos se respira de otro modo.
Allí se siente el arte. Visité una estancia donde había colgados
cientos de cuadros por restaurar. El sistema de mantenerlos es
ingenioso y práctico: rieles paralelos colgados del techo, de donde
penden los cuadros.
Los Museos, como este de Murcia, deberían tener restauradores fijos.
¿Cómo puede haber tantas obras sin ser atendidas? Cada pintura
requiere un tratamiento distinto: esta que se cuartea; aquella con un
agujero; otra que pierde pintura; otra que exige limpieza; un barniz
protector; un retoque… Un Museo exige la atención de personas que
cuiden de las obras que allí se guardan. Es obligación de autoridades
y pueblo en general, velar por un patrimonio cultural que ha recibido.
FRANCHUTES
He leído "Historietas nacionales" de Alarcón -Pedro Antonio-. Según
confiesa él mismo, escribió estos relatos entre los veinte y los
veinticinco años. Teniendo en cuenta que nació en 1833 -en Guadix
(Granada)-, dichas historias vieron la luz por la década de los
cincuenta del siglo XIX. Se ve en ellos a un Alarcón joven,
apasionado, romántico y realista a la vez, así como destellos claros
del narrador extraordinario que se revelara en “Diario de un testigo
de la guerra de Africa”.
Lo que cuenta -que no vivió, por cierto- de la guerra de la
Independencia, hará poca gracia a los franchutes que lo lean. En “El
Carbonero alcalde”, por ejemplo, los lapezeños -gentilicio de la villa
de Lapeza, en Guadix- quedan como buenos, y los seguidores del general
Godino como bestias despiadadas. Creo que se pasa un tanto en la
pintura de los hechos, por muy de efecto que sea. A los franceses les
hará poca gracia que se disponga contra ellos a los paisanos de Manuel
Atienza, el alcalde, en la forma que lo hace.
Particularmente, me reservo la opinión que esta postura patriótica, o
pseudopatriótica, me merece. Pero diré que esta clase de lecturas
tienen la virtud, poco recomendable, de encender odios y crear
enemistades durante siglos entre las personas, de recordar acciones
pasadas que debieran olvidarse.