Ayer se reunieron Mas y Rajoy a ver si ponen orden en Cataluña. ¡Mira que decir que no son españoles!
-Si la primera vez que lo dijo lo hubieran encerrado, no lo habría repetido. Que en Política –nacional, regional, local o familiar- no se deben consentir ciertas bravatas y dejar que circulen y tomen cuerpo. Luego son difíciles de parar. Te contaría de nuevo el Cuento del Conde Lucanor.
-¿El de la mujer brava?
-El mismo. Hay que atajar ciertas cosas tan pronto como dan la cara; luego es tarde.
-¿Y lo mismo con la Iglesia?
-Lo mismo. Mira, ahora que la nombras, el nuevo Papa Francisco tiene la mejor oportunidad de practicar esa norma: “No dejar pasar una a su rebaño”. ¿Tú sabes lo que hizo el Rey Cogulla o Ramiro de Aragón cuando no cumplían sus órdenes sus vasallos? La Campana de Huesca, que fue sonada y efectiva. Pues ahora es el momento justo de atarse los machos bajo la ropa papal y echar a patadas a quien le contradiga.
-¿No sería muy fuerte la medida?
-O muy buena. Ya ha visto que Benedicto XVI se sintió incapaz de cambiar nada porque sus fuerzas no le acompañaban, pues a rezar y a emplear la fuerza de la Ley desde un principio.
-¿Y qué tendría que cambiar en la Iglesia?
-Muchas cosas, Genaro. Una grey y un pastor. ¿Cómo puede consentir que el cura de un pueblo interprete a su manera el Evangelio o que quiera crear por su cuenta una norma que no se corresponde con la palabra del Pontífice? Desde el primer momento, una orden tajante de expulsión, ya que la medida de Ramiro me parece dura en la Iglesia. “¡Fuera los que quieren ser más papistas que el Papa!”. “¡Fuera los que permiten lo que no está en ellos permitir!”.