Litesofía –entre literatura y filosofía-, 17 febrero 2014, lunes, S. Silvino
YO
Yo pienso, yo escribo, pero ¿dónde me encuentro? Qué palabra tan corta y tan misteriosa. Cada persona tiene su yo diferente. ¿Cómo piensan?, ¿cómo sienten?, ¿cómo son? Yo existo, qué duda cabe. Veo que hay cosas fuera de mí, a mi alrededor; y dentro siento latir mi corazón, siento que respiro, que tengo huesos, músculos, venas... ¿Pero dónde estoy para ver, para sentir? En los pies seguro que no; en las manos tampoco; en la cabeza, sí, estoy en mi cabeza. Siento que se encuentro arriba, que reside en esa parte de mi cuerpo.
Pero, vamos a ver, yo siento también que pienso; yo pienso, yo siento. Yo me doy cuenta de que estoy aquí pensando, entre cosas, escribiendo. Y sé lo que hice ayer y antes de ayer. ¿Dónde estoy yo pensando que pienso?, ¿en la maraña de mi cerebro?; ¿desde dónde veo yo que ayer pensé y que lo haré mañana y que lo hago hoy?, ¿dónde está ese yo?
Pero, ¿a quién busca?, ¿es acaso otro yo dentro de mí? Si yo me busco es que ese yo primero existe aparte del otro yo que es buscado. Resulta, pues, que en mí hay tres yoes distintos. Uno superior, juez de mis actos; otro, ayudado por la voluntad, que busca hacer el bien; y un tercero, más íntimo, que encuentra dificultades para manifestarse como quisiera, como a él le gustaría. Que en mí van tres, no tengo duda: dos que discuten y otro que juzga, dije ya en otra ocasión.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia