Egoísmos
-Murcia, miércoles, azul el cielo, como el manto de una virgen de Murillo. Es que llevamos una racha… Cuando no llueve, tiembla la tierra, que es peor. Antes veíamos un sol en Murcia y apagábamos el televisor: ya estaba visto el parte meteorológico. ¿Qué nos daba que lloviera en Tarragona o que nevara en Huesca? “¿Qué tiempo va a hacer mañana?”, preguntaba mamá desde la cocina; y uno, como si el mundo fuera Murcia, contestaba: “Sol, buena temperatura”. Y no mirábamos si en Castellón habría lluvias o nevaría, y menos más arriba. No digamos en las provincias occidentales, ¿qué nos importaban León, Extremadura o Galicia?
Pero fue ir Ángel a trabajar a Barcelona, y el panorama cambió. “¿Qué tiempo va a hacer mañana?”, pregunta mamá, y la respuesta es otra: “Sol en Murcia y nieve por Cataluña”. Y no digamos ahora con Panamá, al otro lado del Atlántico. Nos preocupa tanto América como la propia casa.
-No sé dónde leí que sentimos más nuestro dolor de muelas que un desastre en China; y es verdad, lo que nos atañe cerca nos afecta mil veces más que lo que pueda ocurrir en otra parte del mundo.
-El niño es egocéntrico y debe aprender pronto a dejar sus cosas y hasta gozar dando, que sería el grado supremo del altruismo. Pero nos quedamos a mitad de camino, verdes, sin llegar al grado de madurez a que estamos llamados.
Ayer repasaba yo un Atlas con las naciones del mundo. Yo me pregunto: “¿Qué sabemos de los habitantes de Angola, de Irán o de Singapur? ¿Nos duelen las muertes de un terremoto en Chile o en Turquía, o, por el contrario, nos escondemos por si llegara aquí la onda expansiva del seísmo? Caminamos mirándonos el ombligo, y lo demás no nos importa.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia
sofía, 10 marzo 2.014