Litesofía –entre literatura y
filosofía-, 9 Noviembre 12
En las personas, aun sin saberlo, hay virtudes y defectos que viven ocultos y nos hacen obrar de una manera o de otra. Los demás, si nos observan
tiempo, llegan a conocerlos, y comprenden ciertos modos de actuar.
Por ejemplo, hay personas soberbias que ante los demás pasan por personas humildes. La soberbia va con ellas pronta a manifestarse. Se ocultará
mucho, se esconderá a los demás, pero va ahí. Es la lucha de la razón con esos
podridos seres que dicen mal de nosotros.
Ante una soberbia fuerte, dominante, pueden muy poco la voluntad y la inteligencia.
Ante una lujuria enferma y desbordante, puede poco la razón. Ante una envidia
insana, la mente se derrumba, la razón se obnubila, y cede, para luego lamentar los hechos.
Como ocurre con el cuerpo, ocurre con el espíritu: somos ya cuando nacemos distintos a los demás. Un lunar en la cara lo disimulo, pero el lunar persiste. Una soberbia la escondo, pero al fin se manifiesta.
Debemos ser humildes con nosotros mismos, que es tanto como aceptarnos como
somos, aunque luchemos sin tregua contra los indeseables enemigos que llevamos
dentro.