viernes, 14 de marzo de 2014

11-M.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 13 Marzo 2.014, jueves
-¿Por qué hablaban tanto estos días pasados los periódicos, las emisoras de radio y los canales de televisión del Once Eme, Basilio?
-Recordando las bombas que estallaron en los trenes el Once de Marzo del año dos mil cuatro.
-¿Coincidieron con el atentado de Nueva York?
-Solo en la fecha de un once fatídico, porque el de las torres gemelas ni fue en marzo ni en el año 2004.
-¡Vaya susto en ambos casos! ¿Y no han sabido después quién fue el cerebro de los mismos?
-Para mí el de España estuvo claro: El Presidente Aznar jugó con fuego mandando tropas españolas a Irak con los Estados Unidos. Y ante unas elecciones, alguien pensó: “Unas bombas en los trenes pueden cambiar la historia de España: se achacarán a la guerra de Irak”.
Hubo reuniones secretas donde fraguaron el plan, fijaron la fecha y prepararon los explosivos. Llegada la hora del desastre, cuando nadie se lo esperaba, estallaron las bombas y los trenes saltaron por los aires como hiciera en su día el coche de Carrero Blanco.
Muertos y heridos por todas partes, gritos desesperados por entre hierros de los de los vagones, pánico mortal en la Moncloa… Y entre tanto dolor y tantas muertes, grupos aleccionados asaltaban las sedes del Partido Popular con gritos de: “¡Fuera!, ¡Fuera!, “¡No a la guerra!”, “¡Fuera Aznar!”.
Todo muy bien calculado para que el día de las Elecciones ganaran los socialistas. ¡Qué bien le salió la jugada al que ideó la masacre! El cambio fue fulminante, no dio tiempo a reaccionar. Como pasmados vieron Aznar y sus seguidores que de la noche a la mañana todo había cambiado en España, y que Zapatero se había instalado en la Moncloa. 

Francisco Tomás Ortuño, Murcia