Litesofía –entre literatura y filosofía-, 4 marzo 2014
-Murcia, las diez y media, en mi escritorio. Las campanas de la iglesia llaman a Misa. En cambio Putin llama a la guerra.
-¿Qué me dices?
-Como te cuento: este hombre de las Rusias tiene por lo visto mal dormir y lo primero que se le ocurre, cuando amanece, es disponer a sus huestes para tomar Crimea.
-¿No es de Ucrania esta península del mar Negro?
-De Ucrania es, Luis, como son de España Barcelona y Madrid, Andalucía y el País Vasco.
-¿Entonces?
-Obama, Presidente de los Estados Unidos de América, alarmado, se lo advirtió ayer: “Putin, Putin, que te veo venir; saca tu ejército de Crimea o “habremus” guerra. Las cosas no se hacen así, invadiendo por la fuerza a los más débiles. No, Putin, las grandes potencias deben apoyar a los pequeños, no tomarlos como rehenes.
El mundo ha cambiado, Putin: las guerras deben ser obsoletas, de otro tiempo; aunque veo que para ti siguen siendo tan actuales como las mundiales del siglo pasado o las guerras del medievo.
No sigas por ese camino, Putin, que te pudiera pesar: desde que Bin Laden destruyó las Torres Gemelas de Nueva York, mis Estados están preparados para cualquier sorpresa que pueda venir de donde menos se piense. ¿Tú crees que por la cara vas a invadir un país sin que tenga consecuencias?
Hoy, Putin, con los medios informáticos, vemos lo que ocurre en Sebastopol igual que lo que pasa en Panamá, en Sudáfrica o en Florida. ¿Qué digo?, hasta lo que piensan nuestros antípodas. Por eso, Putin, piensate mejor lo que quieres hacer, que vemos tus intenciones.
¿No ves que Estonia, Letonia, Lituania y otras naciones que fueron rusas ya no lo son ni quieren serlo, porque se ven libres de un yugo que no deseaban? Pues deja que sigan siendo lo que ellos desean, que la libertad, como dijo Cervantes es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos, que por ella se debe aventurar la vida, y nadie debe obligar por la fuerza de las armas a ser lo que no se quiere.
En la vida, amigo Putin, lo que vale es la Democracia, que es la libertad de hacer lo que uno quiere, sin obedecer a caudillos prepotentes. Métetelo en la cabeza, Putin: en una nación, como en una familia, no se deben imponer ideas sino respetar la voluntad de sus miembros.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia