Litesofía, 25 Octubre 12
Las personas se dividen en dos clases: buenas y malas, amables o
perversas. Las buenas no pueden ser malas; las perversas se reparten,
a su vez, entre las que consiguen ser buenas por méritos propios
–luchan, se vencen- y las que no pueden, o no lo intentan siquiera.
Las buenas son así desde que existen, y hagan lo que hagan serán como
son; no pueden ser de otro modo. No hacen mal a nadie, no quitan nada;
sólo pasan por el mundo haciendo bien sin proponérselo.
La mística contra la ascética.
¿Tienen mérito las acciones de estas personas? El valor está en
aquellas que se esfuerzan por ser mejores y lo consiguen; en los que
luchan contra natura. Ahí está el gran merecimiento.
Los buenos y los dañinos, los virtuosos y los malvados, viven juntos.
A los primeros no les supone esfuerzo obrar bien; a los otros sí. La
lucha de la vida, de la sociedad, es conseguir que los que nacieron
torcidos tengan un objetivo atrayente, fascinante, que les haga ser de
modo diferente.
Las personas se dividen en dos clases: buenas y malas, amables o
perversas. Las buenas no pueden ser malas; las perversas se reparten,
a su vez, entre las que consiguen ser buenas por méritos propios
–luchan, se vencen- y las que no pueden, o no lo intentan siquiera.
Las buenas son así desde que existen, y hagan lo que hagan serán como
son; no pueden ser de otro modo. No hacen mal a nadie, no quitan nada;
sólo pasan por el mundo haciendo bien sin proponérselo.
La mística contra la ascética.
¿Tienen mérito las acciones de estas personas? El valor está en
aquellas que se esfuerzan por ser mejores y lo consiguen; en los que
luchan contra natura. Ahí está el gran merecimiento.
Los buenos y los dañinos, los virtuosos y los malvados, viven juntos.
A los primeros no les supone esfuerzo obrar bien; a los otros sí. La
lucha de la vida, de la sociedad, es conseguir que los que nacieron
torcidos tengan un objetivo atrayente, fascinante, que les haga ser de
modo diferente.