Litesofía –entre literatura y filosofía-, 15 diciembre 2012
Un Belén
Cuento que dedico a mi hija Lina Mª Tomás Pastor
-Mamá hace el Belén, como otros años, en la galería. ¡Cómo goza ella colocando las figuras!
-¿Va a poner la mula y el buey?
-Lo primero. Este año en los Belenes no faltan estos animales.
-¿Y eso?
-Dijo el Santo Padre que en ninguna parte del Evangelio había leído que fueran un buey y una mula a adorar al Niño. Que era de suponer que si nació Jesús en un establo, hubiera cerca bueyes y mulas. Pero que era más literatura que historia real.
Y sobra que dijera eso el Papa para que otros se encargaran de añadir: “Ha dicho Benedicto XVI que sobran el buey y la mula de los belenes”.
Ya no hubo más de qué hablar. Los fabricantes de figuras belenísticas pensaron prescindir de sus moldes y fabricar más estrellas, reyes y nacimientos con el Niño, la Virgen y San José.
Mas en la polémica acalorada se vio lo que ya se sabía: que basta que una cosa se prohíba para desearla más. Desde entonces no salía un Belén de fábrica que no tuviera bien visibles una mula lustrosa y un buey manso al lado del Niño.
-¿Diría el Papa lo que dijo por fomentar la producción de estas figuras?
Un pariente suyo fabricaba belenes por herencia familiar. Y un día, preocupado, le dijo al Papa: “Primo, disminuyen los pedidos de Belenes alarmantemente, sobre todo las figuras de la mula y el buey”.
Y el Papa, listo como él solo y psicólogo nato, se sonrió y lanzó su especie: “En el Nacimiento no hubo mula ni buey”. Sabía lo que decía y la reacción que iban a tener sus palabras.
Pronto su pariente le escribió eufórico: “¡Milagro, primo, milagro! He tenido que ampliar el negocio, sobre todo para hacer mulas y bueyes. No damos abasto ni de día ni de noche toda la familia. Si antes éramos dos en la fábrica, desde que hablamos, ni con veinte somos bastantes”.
Benedicto XVI volvió a sonreír sin que nadie se apercibiera. Solo San Francisco de Asís, creador del primer Belén de la historia, le guiñó un ojo a través de las nubes para aprobar la genial idea que había tenido.
Los enemigos de los belenes se frotaron las manos cuando supieron que el mismo sucesor de Pedro había “prohibido” los Nacimientos en las casas con figuras de terracota.
Y viendo que desde entonces se multiplicaron como el milagro de los panes y los peces, se reunieron en Asamblea para estudiar el hecho milagroso.
A la Asamblea acudió un tránsfuga disfrazado, comisionado por la Iglesia, quien al final de la reunión dijo: “En las cosas de Dios el hombre no puede decidir; ha de aceptar lo que Él quiere, y en su nombre lo que ordena el Vicario de Cristo. Veamos en la mula y el buey la voluntad de que se sigan haciendo Belenes en los hogares para conmemorar el Nacimiento de Jesús”.
Y la reunión se disolvió sin más.