Litesofía –entre literatura y filosofía-, 23 Mayo 2.013, jueves
Fragmento
-Ayer encendí la tele y estaba hablando Aznar, presidente que fue de España hace unos años.
-Y que dejó de serlo por el golpe del “Once Eme”. ¿Y qué decía ahora?
-Unos periodistas le preguntaban por el futuro de España: “¿Qué va a pasar, don José María? ¿Cómo ve la crisis que tenemos? ¿Usted qué medidas tomaría si fuera Presidente? ¿Se va a separar Cataluña?”. Y él, como un oráculo, decía que la situación era mala pero que él cuando fue Presidente dio trabajo y no hubo sobres con sobresueldos.
-Querría nadar y guardar la ropa.
-Pero entre líneas se dejaba ver a un Aznar deseoso de volver a la Política. “Pues mire usted…”, repetía con sonrisa que trataba de esconder, “yo creo que con mayoría absoluta se podía hacer más de lo que estamos viendo”. Y los periodistas, pillos ellos, seguían hurgando en las heridas y haciendo comparaciones. “Pues, mire usted, si me llamaran…, ¿quién sabe? Pero les toca a ellos dar el paso, no a mí”. Y en sus ojillos se traslucía el amor al cargo que tuvo.
Por los años finales del pasado siglo, yo dediqué muchos ratos a la Política. Fruto de ellos fue mi libro: “PP o PSOE, tú decides”. Con fecha 17 de octubre del 1.994, página 64, escribí: “Catalanismo.- En Barcelona no quieren hablar en castellano. En el País Vasco, tres cuartos de lo mismo. En el fondo, lo que no quieren es ser españoles. Para ellos su país es su país y basta, y su lengua el catalán o el vasco. Si pudieran tenían fronteras con el resto de España. ¿Qué nos importan los aragoneses, los andaluces o los extremeños?...”.
En la página 207 del mismo libro, se lee: “Murcia con Aznar:
-¿Has visto, Ana, qué recibimiento en Murcia? Más de 20.000 personas, qué éxito, Murcia es nuestra.
-Era impresionante ver tantas banderas y escuchar: “¡Aznar, Aznar, Presidente, Presidente!”. En la vida había visto nada igual.
-No pensaba decírte, Ana, lo que sentí allí. Dios me quiere para Presidente de todos los españoles. No sé cómo explicarte lo que me pasó: tuve la corazonada, la certeza, de que Dios me lo decía. Fue como una luz, como un relámpago. En medio de las aclamaciones, con la plaza llena hasta los topes, vi una luz que me lo decía. Siento escalofrío al recordarlo.
-Que sueñas con la Moncloa, querido…
Y ahora, a los veinte años, veo que todo sigue lo mismo, un Aznar soñando con ser Presidente y creyendo ser la solución a los problemas económicos y sociales de España. Pero… agua pasada no mueve molino, señor Aznar, la vida es irreversible y su turno ya pasó.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia