Comunidad Europea
-¿Sabes, Eugenio, que La Comunidad Europea cuenta ya con veintiséis años?
-¿Y quién sería su creador?
-Algún listillo debió pensar: “¿Y si Europa fuera una nación?”. Y seguiría pensando que era mejor formar un solo bloque que actuar por separado, por capillas sueltas, Francia, Reino Unido, España, Portugal, Italia…
-Ya en Grecia, antes de nuestra Era, hubo Estados que ante la invasión de un extranjero acudían a la llamada para defender a la nación.
La idea fue tomando cuerpo. “Si nos unimos seremos fuertes, que la unión hace la fuerza; no habrá fronteras, y el mercado será común”.
Pero surgieron dificultades.
-¿Con qué moneda pagaremos?
Y se pusieron a pensar. “Ni francos, ni liras, ni pesetas, ni escudos… Hay que poner una moneda para todos, una moneda común”. Como en el caso del esperanto, cuando se pensó en una lengua para todas las naciones, no era fácil encontrar la solución. “¿Por qué el inglés?, ¿por qué el español?, ¿por qué el alemán? Una nueva, el esperanto”. Y aquí lo mismo: “El euro barrerá a las monedas existentes”.
Desde hoy, habrá euros mal que le pese a muchos que se volverán locos haciendo cuentas. “¿Cuánto cuesta el café?”. “Un euro”. “¿Y un coche?”. “Diez mil”. ¿Y un piso?”. “Cien mil”. Nadie se entendía y muchos se aprovechaban: “¡Quédese con la vuelta!”, y eran diez euros al camarero. Un lío, que “a río revuelto ganancia de pescadores”. Y lo mismo en Francia, en Italia, en Grecia o en Portugal.
-¿Todos conformes con el euro?
-No hay más remedio. Fuera florines, liras, pesetas, francos y dracmas. Ahora todos la misma moneda, el euro.
-¿Y con las lenguas? “Que cada país hable su lengua en casa: los franceses en francés; los españoles en español; los estonios en finés… pero eso sí, habrá como nueva profesión el bilingüismo. Que un griego viene a España, siempre tendrá a mano a quien hable los dos idiomas.
En cuanto a las religiones lo mismo: que cada cual practique la suya. Se facilitarán templos para todas las creencias –iglesias, sinagogas, mezquitas- y que todos se sientan donde vivan como en la propia casa.
Algunos países aun viendo las ventajas de estar unidos en una sola nación, vieron que no era justo que naciones como Alemania o Austria con PIB 28.000; Dinamarca, 32.000; Noruega, 34.000; Luxemburgo, 45.000, etc., tuvieran que unirse a otras como Polonia con 3.000 euros de producto interior bruto; a Rumanía, con 1.600; o a Bulgaria y Grecia, con 1.000.
-¿Y cómo lo resolvieron?
-Los comienzos de algo tan importante tuvo sus dificultades, pero se fueron venciendo poniendo de su parte un poco cada uno. Se formó un macroestado con la capital en Bruselas. Y así, quitando aquí y poniendo allá, a trancas y barrancas muchas veces, ya ha cumplido veintiséis años de existencia…
Francisco Tomás Ortuño, Murcia