sábado, 1 de junio de 2013

Palacios.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 1 Junio 2.013, San Viernes
            PALACIOS
            San Lorenzo, el santo de la parrilla, fue un mártir español del siglo III. Felipe II mandó construir el monasterio de San Lorenzo del Escorial en 1563, por su victoria sobre los franceses, seis años antes, en la batalla de San Quintín. -San Quintín fue otro mártir del siglo III, como San Lorenzo, que renunció a su elevada clase por el cristianismo-. Felipe, con los humos de la victoria, dijo un día: "Hagamos una ermita para rezar yo cuando sea viejo". Y le hicieron el palacio más suntuoso de la historia en la sierra del Guadarrama, a pocos kilómetros de Madrid. Cuatrocientos años después, Franco dijo algo parecido y se construyó cerca el Valle de los Caídos, que tampoco es reducido ni humilde.
            En la historia figuran unos cuantos nombres como estos -Felipe II, Franco-, pero se olvida a los que vivieron con ellos que realizaron sus caprichos. Ahí es nada: "Haced El Escorial", "Construid el Valle de los Caídos". Como antes las Pirámides de Egipto. Técnicos, ingenieros, arquitectos, matemáticos, obreros, al servicio de un antojo descomunal. Como si en la casa no existiera más que el padre. El rey durante su mandato absorbe la vida nacional. De 1556 a 1598, Felipe II; de 1936 a 1975, Franco. Todo lo ocurrido en España en esos años se les adjudica a ellos por su bella cara. Y si es Felipe va que va, pero si es un Carlos II aún es peor.
            Estoy leyendo la vida revuelta y desordenada de Lucrecia Borgia. La familia valenciana de los Borgia no era muy ejemplar que digamos, a pesar de los Papas y Cardenales que dio a la Iglesia; sin embargo anuló en su tiempo -entre los siglos XV y XVI, cuando se descubre América- a otros personajes ejemplares y probos, dignos de mejor recuerdo. La historia, vista de lejos, recoge sólo unos pocos nombres y unos cuantos sucesos. Sé que es imposible recogerlos todos, pero podía ser más justa arrinconando nombres de personas que no hicieron más que bulto, y aireando otros que fueron ejemplares. 
            ¿Qué mérito tuvo Felipe II con la obra del Escorial? ¿Fue suya la idea?, ¿puso él una sola piedra? Pero allí queda su nombre cosido al monasterio como único realizador. Los que escriben libros de historia podían ser más originales y no copiar "ad pedem litterae" lo que ya otros escribieron antes. ¿Es que Franco hizo el Valle de la montaña? Ni por pienso. Pero Franco irá pegado por los siglos de los siglos a la monumental basílica.
            Los hombres-masa, tantos y tantos que componen el tejido de la vida cotidiana -jardineros, albañiles, torneros, agricultores, maestros, cocineros, sastres- se pierden como llegaron en el anonimato. Son como la humilde violeta, que pasa a la sombra de todas las vanidades. La historia está formada por lo que no se ve, por lo que no se dice. La gran historia, la verdadera historia se encuentra en los pequeños sucesos de la vida ordinaria.