Litesofía, 16 Octubre 12
Hasta hace bien poco, si el jueves era festivo, había un puente
fenomenal en Colegios, Institutos y otros Centros educativos. El día
se vislumbraba ya de lejos como de conflicto laboral.
La prensa recordaba a padres y profesores que era día lectivo, pero
los Centros decidían no abrir. Así de sencillo.
Contaban que el miércoles deliberaban los Profesores sobre qué hacer
el viernes. Luego había reuniones con Delegados de alumnos. Y
acordaban que no hubiera Clase.
En el Conservatorio, lo mismo. Tras reuniones y acuerdos, había
consenso: “Viernes puente: No hay más que hablar”. De miércoles a
lunes todos en casa. Un fin de semana largo, para ir al monte o a la
playa.
Este hecho ponía de manifiesto una cosa: que faltaba interés por parte
de niños y de Profesores. Faltaba ética profesional. Faltaba garra,
amor por la enseñanza.
Y si faltaba ilusión, la obra educativa carecía de base. Sin ilusión
por enseñar ni por aprender, faltaba alegría educativa, entrega necesaria para obtener buenos frutos.