lunes, 24 de marzo de 2014

Federico Balart.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 24 marzo 2014, San Rómulo, lunes.
      Balart
-Murcia, en mi alcor.
-Dirás mejor en tu retiro.
-Cierto, Gustavo, que pensaba en el otro emplazamiento: con los viajes, las cabezas se desorientan. Ya sé que alcor significa colina, collado, loma u otero, más propio de Santana. Solo con la vista los distingo: allí pinos, el Carche, la Sierra del Buey…; aquí la torre, las terrazas, las antenas… Con el oído: allí las tórtolas, aquí las golondrinas. Son dos medios diferentes…
-Pues si son tan dispares, no vuelvas a llamar alcor a tu rincón de Federico.
-¿De qué Federico hablas? Ya te estás yendo por esos cerros que sabes.
-Me refiero a Balart, don Federico, por quien lleva nombre esta calle: poeta murciano, natural de Pliego, que nació en 1831 y murió en 1905.
-¿Y qué escribió don Federico?
-Su primer libro de poesías fue “Dolores”, con motivo de la muerte de su esposa, siguiendo la tendencia postromántica de Campoamor. En “Horizontes” luego agrupó poesías de temas sociales y religiosos. Anduvo metido también en Política, siendo Diputado en las Cortes de la Primera República y después Senador.
-¿Fue por entonces la República en España?
-No seas analfabeto: la Primera República se instauró en España tras la abdicación de Amadeo I, el once de febrero de 1873, y se mantuvo hasta el Golpe de Estado del general Pavía, en 1874.
-¿Vivió entonces don Federico en aquellos trajines y follones? Porque hubo un tiempo en que no se podía vivir en España.
-Justo, el mismo. En un año hubo cuatro Presidentes: Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar. ¡Quítate tú que me ponga yo! ¿Te imaginas el panorama? Y Federico en medio.
-No tendría tiempo de escribir poesías.
-El poeta saca tiempo de cualquier momento o coyuntura. Saldría de las Cortes y se pondría a escribir lo que pensara; se acostaría y pensaría en sus versos. Yo sí me lo imagino, Gustavo.
-La Segunda República fue otra cosa, ¿no?
-La Segunda se instauró el 14 de abril del treinta y uno, tras el derrocamiento de Alfonso XIII.
-Esta sería la del abuelo.
-Y la nuestra, Zacarías. Vaya tiempos de trajines. Franco quiso poner paz en el desbarajuste y casi lo consigue durante cuarenta años, empleando métodos de fuerza. Pero fue morir y se volvió a la carga. Lo intentó Adolfo Suárez, que murió ayer, con la Democracia, pero el patio volvió a estar revuelto como entonces, en los tiempos de Federico el de Pliego. Calvo Sotelo, Felipe Gonzáles, Aznar, Zapatero con la  Memoria histórica… ¿Tú crees que así se puede gobernar una nación?
-Ahora comprendo a Balart. Siento pena por él, que tuvo que vivir en una época tan convulsa como la que nos ha tocó después a nosotros. 

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia