Litesofía –entre literatura y filosofía-, 30 enero 2014, jueves
Fragmentos
Murcia, las nueve, aquí de nuevo. El cielo que veo a mi izquierda es azul y la ropa que hay tendida en la terraza de enfrente no se mueve apenas. Creo que encaja con lo que dijo ayer el informador del tiempo, servicio gratuito que tenemos los españoles.
-¿Dices en serio lo de gratuito? Tú pagas la información temporal como la leche que te tomas en el desayuno.
-Pero la leche, Fortunato, la compro con mi dinero y al pronosticador del tiempo no le pago.
-¿De quién es entonces el dinero del Estado, Amancio?
-De los españoles: Ese lo ponemos entre todos.
-Y el Estado con tu dinero paga esos servicios: cuida los parques y jardines, tiene las calles alumbradas, pone guardias para la seguridad ciudadana...
-Ya, ya, voy comprendiendo; pero, ¡qué cómodo será pagar con dinero de otro!, ¿verdad Fortunato?
-¿A qué dinero te refieres, Amancio?
-Al que tiene el Estado para pagar los servicios que tenemos: “Tú informa del tiempo; tú vigila las carreteras; tú enseña a leer y a escribir…”.
- Y el que administra ¿qué hace?
-Administrar, hombre, ¿o es que repartir servicios y pagarlos luego no es una ocupación?
-Pero lo que es trabajar…
-Pues a eso, fíjate bien, Fortunato, a repartir el dinero que damos, se ocupan más que a trabajar. “A un panal de rica miel, -dos mil moscas acudieron, -y por golosas murieron -presas de patas en él”.
-Eso es una fábula.
……….
-Vamos a repartir este dineral que nos han dejado.
-¿Todo?
--Es que es de ellos, Jenaro.
-Bueno, vale, pongamos un jardinero aquí; una luz en esta calle; un guardia que vigile; un maestro que enseñe y un cura en la iglesia.
-No, no, la iglesia tiene que ser pobre. Son muchos a repartir y antes es Dios que los santos.
-La misión de repartir es sagrada y han confiado en nosotros,
-Cubramos mínimamente los servicios necesarios y el resto lo repartimos entre nosotros.
-Muy bien, de acuerdo. ¿Y por el bien que les proporcionamos, nos gastamos algo en nosotros, como un viaje familiar, algún capricho o algún regalo a la Señora?
-¡Qué bueno es el jefe!
-Y si no alcanza, se suben los impuestos.
-Empecemos por ponernos buenos sueldos, ya que nos preocupamos por que no les falte de nada.
-Bien dicho, Arturo, tomemos unas vacaciones primero y luego a descansar.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia