Litesofía –entre literatura y filosofía-, 12 abril 2.013
Fragmento
Hoy quería hablarte de una palabra nueva que ha saltado a los medios. Me refiero a “escrache”, que significa asalto, agresión, ataque, invasión o allanamiento. Como la palabra era nueva y todos querían presumir de conocerla, escrache por aquí, escrache por allí y escrache por todas partes y a todas horas. Hasta que, como el niño del Cuento, alguien diga: “No veis que el palabro tiene en español muchos términos equivalentes?”.
Pues sí, de un tiempo a esta parte hay grupos de personas violentas que se citan para atacar a un miembro del Partido Popular. Estos grupos, organizados y resolutivos, actúan como aquellas guerrillas de Viriato que traían de cabeza a generales curtidos romanos. “A tal hora, en la puerta de fulano”. Y de pronto aparecen con gritos y amenazas contra el descuidado regidor, edil o concejal.
-Si todo queda en gritos…
-Pues eso es, que no queda todo en gritos y algaradas. Igual la consigna es quemar la casa sin ver que hay niños dentro, o embarrar de “m…” con perdón las paredes de una casa. A tal extremo llega el peligro, que una voz ha gritado: “Si a mí me toca un perroflauta, le pego un tiro”. Y la ha armado. ¿Cómo se le ocurre decir en democracia tal barbaridad? Y lo han llamado a que dé explicaciones.
-Pues no corrijo una coma –ha dicho-. Si a mi familia le toca un perroflauta le pego un tiro.
Y habiendo dicho lo que otros dirían pero se callan, lo han desposeído de cargos y galones que tenía. Y esa es la cuestión: ¿Lleva razón este individuo? ¿Tú qué harías? ¿Dejarías que te apaleen con los brazos caídos por estar en democracia? ¿Consentirías que toquen a tu familia si tienes una escopeta en tus manos? ¿Qué se entiende por defensa personal? Esa es la cuestión que ha suscitado la palabra escrache, que nos llega de Dios sabe dónde.
Anoche habló en televisión el Jefe de la Policía Nacional. Le preguntaron si estaba de acuerdo con la inacción ante los escraches. Y el representante policial, coaccionado por el cargo que ostenta y violento por el sistema de Gobierno que le manda, dijo que la policía sabe actuar como corresponde. ¿Qué iba a decir el hombre? Dijo también que en el Cuerpo no hay suficientes guardias para proteger a todos los políticos.
-Y tú, ¿qué solución le ves a los escraches?
-Yo volvía a la Campana de Huesca del rey Cogulla. Luego, salvada la situación, volvería a la normalidad democrática. O a lo de la mujer brava del Conde Lucanor. Hay veces que es mejor atajar el mal con violencia, aunque luego se siga con suavidad.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia