Cuando haces un Seguro, te dan a firmar unos papeles con letra grande, donde lees: “Todo lo ocasionado por las lluvias y los vientos queda incluido en esta póliza”. Y tú, feliz, preguntas: “¿Dónde tengo que firmar?”.
Luego hay tormentas y se hunde media casa. Llamas al Seguro, viene un señor, y le dices:
-Mire lo que me hizo la lluvia y lo que rompió el viento. Y él te enseña la letra pequeña del Contrato, y se sonríe:
-Esto no está cubierto.
-¿Por qué? -le dices tú preocupado.
-Lea, lea: “Sólo se repararán los daños ocasionados por vientos de más de cien kilómetros por hora y en días impares”. Y éste fue de ochenta y el día catorce.
-Pero es que tiró mi casa y la tengo asegurada. el viento me ha dejado sin vivienda.
-Y yo me quedé sin abuela. Adiós y a leer la letra pequeña antes de firmar.
-Yo creía, yo creía…
-Usted no creía nada, usted quería aprovecharse.
-Usted perdone, la próxima vez, no quiera Dios que la haya, leeré la letra menuda.
-Mucha incultura es lo que hay en España.
-No, si yo sé leer, pero esa letra, como no tenía a mano una lupa, no la leí.
-Pues leyendo que es gerundio.
-Sí, claro, tiene usted razón.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia