Litesofía –entre literatura y filosofía-, 23 junio 2014
Fragmento
Murcia, las ocho menos cuarto, en mi despacho o camarín. Comienza su andadura el nuevo verano, Filiberto. Más relevos a la vista. ¡Vaya serie de cambios que llevamos!
-Es verdad, Roberto, faltaba la estación; que si el Rey, que si el Papa… “Renovarse o morir”, que dice el adagio.
-“Nadie se baña dos veces en las mismas aguas”, dijo ya Heráclito. O sea, que todo cambia constantemente, todo fluye y pasa para que su puesto lo ocupe otro.
-No quería ser tan drástico, Filiberto, aunque vea que Heráclito tenía razón, que ni un breve segundo se detiene. Yo hablaba de los cambios esporádicos, ocasionales, que se ofrecen en la vida: a la primavera sigue el verano; al rey Juan Carlos, su hijo Felipe; al Papa Benedicto, el Papa Francisco; al campeón mundial de fútbol, otro campeón…
-Pero tantos cambios juntos pocas veces se dan, Roberto.
-Estos fenómenos, con perspectiva, deben anunciar algo, Filiberto. Como preparados para un milenio nuevo. Que entre los cambios entra el milenio, Roberto, no te quepa duda, como la aparición del móvil y el internet.
-Cierto, que ha sido un cambio fenomenal. ¿En qué se parece el siglo pasado al nuevo, Filiberto? La Iglesia se renueva; el Rey cambia; ahora el verano… Como si la Tierra se sacudiera para dejar lo caduco y empezara de nuevo.
-Tú lo has dicho, Roberto, como si de un camaleón se tratara. Tú no hagas ruido, Roberto, que pasemos desapercibidos más tiempo aquí, que lo que vemos no estaba previsto para nosotros. A ver si duramos un poco más y eso que tenemos. Pocos han tenido la suerte de conocer lo pasado y el presente Ni los hijos vieron el pasado reciente ni los padres han visto el presente. No hagas ruido que no reparen en nosotros, Roberto. Aunque somos de otra época, lo gozamos como preparado para nosotros. Tú no hagas ruido.
Francisco Tomás Ortuño
Doctor por la Universidad de Murcia