Litesofía –entre literatura y filosofía-, 14 febrero 2.013.
Fragmento
…
-Ayer fueron al mismo Congreso de los Diputados a protestar estos vecinos por el desahucio, y el Presidente de la Sala, nervioso, ordenó que los expulsaran.
-Yo, Julián, en favor de estos “desposeídos”, diría que ellos no se merecen nada. Cuando pidieron un préstamo, ilusionados, para comprar una vivienda, tenían un trabajo para responder. Si les cerraron la fábrica y se quedaron sin empleo, ¿qué se merecen ellos? ¿Es justo que los echen a la calle, con la familia, en pleno invierno? Habrá que distinguir entre los que no tienen otra vivienda y los que compraron su segundo o tercer piso para venderlo y ganar dinero.
-Tanto monta, monta tanto.
-Creo que no, Julián. Dadas las circunstancias que concurren con la funesta crisis que padecemos, no es lo mismo reclamar un piso que está vacío porque el dueño tiene otro, que pedir que salgan a los que viven sin tener a dónde ir.
-¿Y…?
-A los que pensaban ir pagando su vivienda con su trabajo y se quedaron de la noche a la mañana sin él y sin sueldo, como cogidos en una trampa, en una ratonera, les debía ayudar el Gobierno a salir de su apuro, con el compromiso formal de pagar cuando puedan.
-Hay que darle solución al problema de los desahucios, Julián. Lo último es decir: “¡A la calle!”, como si fueran perros o delincuentes. Hay que estudiar cada caso como en familia: El Banco, sin apremios; el Gobierno, con ayudas; el que pueda, que se vaya; y el que no tiene a donde ir, darle una moratoria y que se comprometa a pagar cuando tenga trabajo.