miércoles, 5 de junio de 2013

Matear.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 5 Junio 2.013
MATEAR
            Mamá matea. Matear puede ser un neologismo. Cuando salta una voz nueva, hay que ser prudentes y no lanzar las campanas al vuelo. Si comprobamos que existe otra voz que dice lo mismo, no es necesario crearla. Los vocablos nuevos deben ser aprobados por la Real Academia Española.
            ¿Qué quiero decir con "matear"? Que va y viene agachada quitando hierbas, tocando flores, mullendo tierras... ¿Qué otra palabra podría utilizarse? ¿Binar? No, binar es otra cosa; ¿escardar?, tampoco; ¿limpiar?, no, no; ¿acaricir?, no exactamente. ¿Entonces? Me quedo con matear, nueva palabra que puede incorporarse al idioma por la puerta grande. Mamá matea. Quiero significar que no hace nada concreto en la tierra ni en las plantas, sino que pasea recreándose con ellas, quitando aquí una hoja, mirando allí el brote nuevo, removiendo más allá la tierra.
            Circunloquio es dar un rodeo para decir algo que podría decirse con una palabra: "Mamá está fuera de casa con sus matas"; "mamá disfruta yendo de acá para allá tocando las plantas"; "mamá limpia el jardín de hojas innecesarias". "Mamá matea" me gusta más.
            Cuando nos llega una voz de otra lengua hemos de ser cautos. Nuestro idioma es riquísimo y lo más probable es que ya exista un término para decir lo mismo. En cuyo caso no hace falta utilizar el barbarismo ni recurrir a la barbarolexia, figura que consiste en unir una palabra extranjera con otra nacional. En el deporte se da con harta frecuencia este vicio: "corner" por esquina; "of side" por fuera de juego; "linier" por juez de línea. Parece como si vistiera o diera importancia utilizar tales barbarismos. Somos xenófilos extremados, como si lo propio desmereciera.
            Cuidemos nuestro idioma con cariño, con amorosa ternura, y más sabiendo que no hay otro más rico que él para expresar cuanto queremos. Es nuestro patrimonio cultural por excelencia. No lo despreciemos, no lo cambiemos. Por el contrario, estemos orgullosos de él y dispuestos siempre a defenderlo contra toda injerencia extranjera.

Francisco Tomás Ortuño, Murcia