miércoles, 8 de mayo de 2013

Teléfono.


 Litesofía –entre literatura y filosofía-, 8 Mayo 2.013, miércoles, San Acacio
            TELEFONO
            Misterio del teléfono: se marcan unos números y línea dispuesta para hablar. Yo no sé si Graham Bell, hace poco más de un siglo, pensaba que su invento iba a revolucionar el mundo. ¿Pensó que llegaría a tanto su engendro?
En el cuento "Adiós, Cordera", Clarín culpa a los hilos del teléfono de muchos males. Eran algo así como el símbolo del cambio de la vida sencilla de antes a la complicada que les toca vivir a unos niños. “Por estos hilos corren palabras y tratos de las personas, como demonios, que movilizan a los tranquilos moradores de los pueblos”.
Qué duda cabe que el teléfono es uno de los grandes revolucionarios de nuestro tiempo: sin él yo no hubiera hablado con mi hija a dos mil kilómetros de distancia.
Con la perfección del teléfono se llegó al uso, al abuso y al mal uso del mismo: Quiénes se duermen colgados del aparato sin pensar si su interlocutor dispone de tiempo para escucharlo; quiénes cuentan historias sin venir a cuento; quiénes se divierten llamando a desconocidos; los hay que piden rescate por un secuestro, etc. De estas argucias estaría en ayunas su inventor.
¿Y los políticos? ¿Cuál de ellos podría estar sin el suyo particular en su despacho? Hasta que apareció el "pinchazo". Hoy los políticos hablan con miedo de que otros escuchen sus conversaciones, o las graben. Son pruebas que se presentan en los juicios: "Es que tengo grabada la conversación".
Y a lo mejor son cintas manipuladas, trucadas, pruebas falsas, que todo es posible con el dichoso teléfono. Puesta la ley, puesta la trampa. Todo se desvirtúa. Nacido el invento, nacido su sucedáneo, y tú me entiendes.
Francisco Tomás Ortuño,
Doctor por la Universidad de Murcia