miércoles, 13 de febrero de 2013

Coser y bordar


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 13 febrero 2.013
COSER Y BORDAR
Fragmento              
            Mamá tiene una máquina de coser. Creo que su final será dormir el sueño de los justos. "Cuando mis nietas sean mayores...", piensa ilusionada. Ese día llegará, pero los tiempos habrán cambiado.
Nuestra hija la guardará, quizás, porque la compró su madre. Hasta la pondrá en un lugar preferente de la casa. Más allá no pasará la máquina. Un golpe involuntario -¿quién sabe?- acabará con ella. "¿Qué hace aquí este mamotreto o cachivache, que no sirve para nada?", dirán. Y la máquina de coser, con una copa y otros objetos, irá a parar al cementerio de cosas inservibles.               
            No van siendo ya los nuestros tiempos de máquinas de coser. Recuerdo que mi madre, por las noches sobre todo, usaba la suya, no tan elegante como ésta. Era sin pie y la tenía que mover a mano. "Enhébrame la aguja", me decía. "Que Dios te conserve la vista", seguía después. La máquina de coser era necesaria, imprescindible entonces.
Cuánta ropa por remendar: camisas, pantalones, sábanas… Las niñas aprendían a coser a máquina como hoy se aprende a manejar un ordenador. Hasta aprendían a bordar. Ahora son otros tiempos. Nadie remienda, nadie cose. La gente usa y tira, que es más cómodo.
            Nuestra hija es de mañana, nosotros de ayer. La máquina de coser es del pasado. Querer arrastrarla contra viento y marea, es locura. Cada época tiene sus necesidades y sus modos. No nos empeñemos en mantener lo que es obsoleto, lo que  está condenado al olvido. La flamante máquina de coser y bordar será, eso sí, un objeto de adorno, una pieza de museo, pero nada más.