Litesofía –entre literatura y filosofía-, 23 enero 2014, jueves, S.Ildefonso
Aporías –A mi querido amigo Francisco Rubio
Murcia, las diez, en mi camarín. He vuelto a leer lo que escribí ayer sobre el tiempo. Quienes me hayan leído, habrán pensado que he perdido el juicio. Y es que hablar del tiempo se las trae. ¿Me quieres decir si no es para pensar que ayer dijera que el presente no existe? ¿Qué lo veo como una puerta por donde pasa el futuro?; ¿donde se juntan futuro con pasado?
Una línea no es un punto, ni una superficie; menos un cuerpo, con tres dimensiones. Una línea es solo longitudinal. Es la puerta por donde cruza lo que viene para ser pasado en adelante. Esa raya, que sería el presente, no tiene más dimensión que largura. Cuanto llega se convierte en pasado, en pretérito. En esa línea angostísima, estrechísima, que sirve de paso, estaría el presente.
Sin solución de continuidad, la vida que nos lleva pasa del futuro al pasado sin advertir el presente. Cierra los ojos y mira el planeta Tierra, que gira alrededor del Sol. ¿Ves algo más que futuro por llegar o que pasado que ya fue? ¿Hay en su camino un punto, solo un punto, que pueda ser presente? Si se detuviera, la Tierra se destruía.
Y ahora me pregunto: Si no hay presente, si el futuro no es todavía y el pasado se perdió por obsoleto y arcaico, ¿qué nos queda? ¿Será lo que vemos un sueño como dijo Calderón? ¿Será real lo que ven los sentidos o será pura ilusión? Yo sueño que escalé en Sierra Nevada, ¿es acaso real porque lo soñara?
De pronto vi la solución. Me vi en medio de una masa humana, formando parte de la vida que nos llevaba como en romería. Todo se transformaba en presente, para poder contemplar lentamente las bellezas que se mostraban a nuestra vista, para meditar sobre las mismas.
Pensé en un tren a mucha velocidad. Los viajeros dentro del convoy hablaban y veían pausadamente cuanto les rodeaba; y hasta miraban al exterior cuajado de estrellas y de mares, sin pensar en pasados ni futuros. Como el viajero del planeta, todo lo miraban en presente, en el momento que vivían.
¿Cabían las dos postura? Me detuve a pensar de nuevo. Vi que de dos maneras diferentes, y hasta opuestas, cabía enfocar el problema. Si yo me encontraba como observador objetivo de la vida, como el que la ve pasar desde un balcón, era de una forma. Si yo estaba dentro, formaba parte de la misma, se veía de otra. Desde fuera veía la vida sin presente. Formando parte de ella, no había futuro ni pasado.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia