Litesofía –entre literatura y filosofía-, 21 marzo 2014, viernes, San Serapión
No sé por qué, anoche pensaba yo en Valcárcel sénior, que el cerebro es misterioso. Descanse en paz. ¡Cuánto gozaría en sus últimos años viendo que su hijo ocupaba el puesto de Presidente! Más que Cronista sería padre de don Ramón Luis. No reparamos bastante en lo que ello le supondría.
En cierta ocasión, le mandé yo al Presidente de la Comunidad dos libros míos. “Son dos ejemplares estupendos, que se pueden utilizar en cualquier momento para escapar de la fatiga del trabajo”, me contestó en una carta que conservo. En mi envío le decía que yo era más de la generación de su padre que de la suya.
De noviembre del 96 hasta su muerte, más de quince años, este buen señor, Cronista de Murcia, gozó de las mieles del triunfo de su hijo en Política. Yo pensaba mucho en él cuando veía al hijo ir y venir, salir y entrar, llevar y traer, hablar y resolver asuntos en la Asamblea Regional y en la Moncloa, o departir con el mismo rey en la Zarzuela.
Todas las miradas iban al júnior, pero yo veía cerca al sénior. ¿Cabe mayor orgullo para un padre que ver a su hijo en la cima de la gloria? Lo seguiría por donde fuera todas las horas del día, todos los días del año. Aunque nadie se fijara en él, yo sé que estaría cerca, gozando tanto o más que el propio hijo. ¡Qué pena no haber visto el triunfo de Partido Popular reciente!
Los que tenemos hijos comprendemos a Valcárcel padre en los años de gloria de su hijo. ¿Qué le importaba oír que las ayudas de Madrid no llegaban a Murcia?, ¿que el trasvase del Ebro se había cortado, o que las aguas del Tajo se perdían por la Mancha? Todo lo iría resolviendo su hijo, que eso era la Política, discutir y convencer y ganar en los foros y en las urnas.
Supo que el “once de marzo” fue una fecha aciaga para su partido, que hubo cambio de Gobierno, pero que en Murcia, en Madrid y en Valencia había ganado y que su hijo se mantenía. Supo de zancadillas por derribarlo, supo que a su amigo valenciano lo acusaron de ladrón por unos trajes, y supo, en fin, muchas cosas que vivía en primera persona.
¿Sabremos alguna vez las conversaciones que mantendría con el hijo Presidente en la intimidad del hogar, rodeado de nietos? ¿Sabremos si algunas de las decisiones que tomara el hijo se debieron a su padre? ¿Quién sabe lo que debe al padre la Política murciana?
Francisco Tomás Ortuño, Murcia