CON MUÑOZ BARBERÁN (y 2)
- He soñado que tenía una máquina que me permitía volver hacia atrás,deshacer lo hecho, llegar al principio otra vez.- ¿Una máquina del tiempo?- Algo así, pero aplicada sólo a cosas concretas. Por ejemplo: si enfocaba al Cristo de la Columna de mi pueblo, la preciosa talla retrocedía hasta que Salzillo trabajaba en su taller. Si quería conocer la fecha del inicio, allí me aparecían día, mes y año. Que rebobinaba más, veía a quién trataba con el escultor murciano sobreprecio y demás condiciones. Dónde trabajaba el maestro. De dónde le traían la madera para hacer sus obras...- ¿Tú no has visto partidos de fútbol por televisión, donde puedes volver a ver la jugada conflictiva, o el gol dudoso, o el fuera de juego discutible? La moviola ya está inventada.- Con todo, sería de incalculable utilidad emplear esa moviola con objetos precisos, y saber cuándo empezaron y por qué se hicieron. ¿Que no conocías al autor de un cuadro?, a retroceder con él en el tiempo hasta ver el estudio de Murillo, de Rafael, de Goya o de Velázquez, el caballete del pintor, las primeras pinceladas, su boceto, o en qué pudo inspirarse el artista. Y si continuabas retrocediendo, saber quién lo encargó, para qué y por cuánto se cerró el trato... Si yo poseyera esa máquina prodigiosa, sabría en qué año se fabricó la mesa donde escribo, quién fue su carpintero y para quién hizo el trabajo. Ola campanita de plata que tengo a mi lado, con una cruz y una concha grabadas por fuera y un peregrino en el mango para hacerla sonar. Oeste libro, o aquél, o la escribanía... ¡Cómo disfrutaría viendo a mi mujer de nuevo en la Escuela de San Carlos dibujando los cuadros que adornan estas paredes! ¿Y esta cama de palillos bien torneados? Un viaje en el tiempo y ya la tendríamos en el taller. ¿Sería mi suegro Inocencio el que la hizo? ¿Tal vez su padre Joaquín? ¿Un oficial de la casa? Los vería trabajar con tablones que las sierras irían cortando a trozos como blanda cera. ¿Y las sillas tapizadas de verde? ¿Y la lámpara que cuelga con sus lágrimas de cristal?, ¿quién la compraría primero, dónde, para quién? Problemas de investigador que quedarían resueltos al instante.Cuando supe que esta máquina se fabricaba en Japón y se vendía, me faltó tiempo para pedirla. Cuando la tuve, fui a ver a mi buen amigo don Manuel, y le dije:-¡Vamos a conocer quién fue el autor del Quijote Apócrifo!-Pero si yo lo sé –me contestó -; estoy seguro de que tras el nombre de Avellaneda se esconde Ginés Pérez de Hita.Y para corroborar su aserto, me ofreció un sinfín de pruebas quetenía: “por evitar prolixidad...” en Guerras Civiles; “por evitar prolixidad” en el Quijote apócrifo; “de dos en dos...” en Guerras Civiles; “de dos en dos...” en el Quijote apócrifo... Está claro: elautor de ambos libros es el mismo.- Vamos a verlo con esta máquina. Si lo encontramos en su casa de Lorca escribiendo el Quijote, ya no habrá dudas.- ¿Qué máquina es esa? –preguntó Muñoz Barberán intrigado-; ¿has dicho que podremos verlo en su casa escribiendo el libro de la polémica?- Justo, don Manuel: con esta máquina que llevo, podemos encontrar lo mismo a un delincuente que a un plagiador con las manos en la masa.- Si no lo veo no lo creo.- Cierre la puerta que vamos a averiguarlo.Y en la quietud de su morada, proyectando el libro en una pared desnuda, vimos cómo las páginas alborotadas por un viento travieso,retrocedían en el túnel de los años hacia atrás. Con miedo,asombrados, miramos la pared a ver en qué paraba la rápida sucesión inversa del libro en cuestión. Cuando, de pronto, vimos que un señor se disponía a escribir sobre una mesa pequeña. Detuvimos la marcha y conocimos al personaje. Efectivamente, era él, el mismo que había escrito las Guerras de Granada, Ginés Pérez de Hita, que se disponía a escribir la segunda parte del Quijote viendo que el autor de la primera, Cervantes, no se daba prisa en continuar las aventuras de su genial loco con Sancho Panza. Él mismo lo confesó, hablando en voz alta: “Si desde 1605 no la ha publicado, es que no piensa hacerlo; con el éxito que ha tenido su Don Quijote, no debe acabar así; yo, Ginés Pérez de Hita, autor de las Guerras Civiles de Granada, publicaré la continuación con el nombre de Avellaneda”.Y se hundió en el asiento, sobre una mesa sencilla, y escribió páginas y páginas que se fueron amontonando por el suelo.
A don Manuel Muñoz Barberán, de Francisco Tomás Ortuño-Murcia, julio 2001-