Litesofía –entre literatura y filosofía-, 6 junio 2014, San Norberto y viernes
Murcia, las siete, donde suelo escribir a esta hora.
-¿Por dónde irán los tiros de tu soflama o perorata this morning, colega?
-El futuro Rey no duerme ante la enorme responsabilidad que le viene encima.
-No es para menos, que hasta que las aguas se calmen, tendrá la vista de millones de personas puesta en él. Luego irá y vendrá y cada cual a lo suyo, pero hasta que eso ocurra, no solo de España sino del mundo entero.
-Creo que lo que más le preocupa y ya ha tratado con Letizia, es la Economía de la Nación.
-No hay derecho, Letizia, a que unos derrochen en comilonas y otros busquen en contenedores restos de comida para sobrevivir.
-Tienes razón, Felipe, que la Nación debe ser como un hogar y una familia: lo que haya, mejor o peor, mucho o poco, debe compartirse entre sus miembros.
Tenemos dos hijas, ¿podríamos ver que una de ellas tuviera caprichos de toda condición y la otra se muriera de hambre? Fuera la que fuera, que para mí las dos serían igual. Solo de pensarlo me dan escalofríos.
Y la Nación debe ser así. Para un Rey de todos los españoles, igual deben ser los andaluces que los gallegos: todos hijos de la misma sangre.
-Eso pienso yo, querida. Y veo la solución en el reparto y en la vigilancia, no sea que alguien se olvide de lo más elemental o tenga la tentación de esconder lo que no es suyo.
-Me tranquilizas, Felipe, que no quería oír de ti otra cosa. No olvidemos que Leonor y Sofía deben ser iguales en el disfrute de lo que haya como en la privación de lo que no tengan.
-Estoy haciendo una lista de cargos de la Nación, de donde se puede obtener riqueza para que otros puedan vivir. Y veo, sorprendido, que hay de sobra para todos.
-¿A quién llevas ya en tu lista, Felipe de mi vida?
-A tantos que sobrecoge el alma, Letizia.
-Dime algunos que me tranquilice, mi vida, que de pensar en mis hijas no podré dormir.
-No se trataría de reducir cargos en la Administración del Estado, sino de cuidar mejor lo que se pierde. Es, ¿cómo te diría yo?, como una máquina perfecta y compleja, que no funcionara por desajustes en algunas piezas. No sé si me explico: cuando fuera perfecto su engranaje, sus conexiones, para que no se perdiera un ápice del contenido, se obtendrían tantos beneficios que asusta solo pensarlo.
La maquinaria es muy buena, pero tiene fallos en su funcionamiento. Es compleja, pero la hacemos más difícil nosotros. Es cuestión de revisarla y mantenerla en perfecto estado de trabajo. Tapar donde haya fugas innecesarias y cuidar que no se desvíen fondos por donde no deban ir.
-Confío en ti, Felipe. Si estás seguro de lo que quieres para el bien de los españoles, ponlo en práctica cuanto antes.
-Creo que es más sencillo de lo que parece, Letizia, aunque el mal en algunos puntos se ha solidificado y costará Dios y ayuda de reparar. Empezaré llamando a los dirigentes sindicales; luego… Todo está necesitado de revisión, querida.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia