miércoles, 27 de noviembre de 2013

Impresiones.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 27 oviembre 2.013, miércoles
Impresiones
El usted en el trato con las personas es una barrera que impide el acercamiento, la hermandad. Ciertas palabras restan libertad en las relaciones humanas.
Es el caso de papa o papá. El niño dice lo que oye de pequeño. Cuando va siendo mayor quiere cambiar por un papá tímido delante de otros. “¿Qué debo decir?”, se pregunta: “¿papa o papá?”. A veces opta por callar.  
Debía de enseñarse desde que se nace a decir lo que proceda de mayor. Evitaríamos situaciones embarazosas luego, y hasta problemas afectivos.
Con los nombres de las personas lo mismo. De pequeños llamamos al niño Cuco,  Quico, Dani o Milu, y de mayor persiste. Se debía de pensar con más seriedad en estos aspectos, que llegan a influir no sólo en la manera de ser y de actuar, sino que engendran dudas y equívocos.
Hay que pensar que el niño forma su lenguaje en sus primeros años, o meses, o días de la vida. Lo que oye por primera vez le impresiona de tal manera que ya no podrá cambiar. El chino hablaría   español si al nacer lo colocaran en una familia de españoles. 
El niño se programa de pequeño. Las primeras impresiones son decisivas en su vida posterior. Por eso, cambiar el nombre cuando se es mayor no es fácil, ni prudente.
El usted entre personas, como digo arriba, crea barreras y distancias más sólidas de lo que parece. Cuando dos personas se hablan de usted, quiere decirse que no permiten a la otra acercarse a su terreno personal. Lo admito entre desconocidos, quizás, o en los negocios, tal vez. Pero no lo tolero entre los miembros de la familia.
¿Y en los Colegios, Institutos y Universidades? Un profesor no deja de ser un amigo que tiene la ciencia que debe enseñar. Eso no le autoriza a ser adorado con el usted de sus alumnos. Nadie como los profesores y alumnos para llegar a un acuerdo el primer día para tutearse.
La relación entre ambos debe ser de franca amistad y confianza. No es más en ese terreno el profesor que enseña que el discípulo que aprende. Son personas que adquieren el compromiso social de dar unos lo que han adquirido antes y otros de recibirlo. Ya digo: es una relación abierta, amistosa, confiada y alegre, la que debe existir en los centros de enseñanza, si en los Centros reina la normalidad debida y es aceptada por todos, claro.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia