Azotes
Enciendo la radio y oigo hablar de… Los políticos nos invaden. Como si el mundo dependiera de ellos. Como si fueran el mundo. “Sin nosotros no sois nada; os proporcionamos bienestar, seguridad”, parecen decirnos, o nos dicen sin rebozo.
La política nos desborda. Política a todas horas, en el desayuno, en la comida y en la cena. Los políticos son una plaga que esquilma al país. Hubo azotes de langosta; hubo epidemias. Hoy tenemos otra plaga: la de los políticos. No sé si es la peor que ha sufrido la humanidad.
La plaga de los políticos se extiende prodigiosamente, como un tejido canceroso. Cada vez hay más políticos viviendo de los demás. Las células incontaminadas resisten lo que pueden, pero la lucha es insostenible por mucho tiempo. Los hombres trabajadores tienen que alimentar a la cada vez más abultada legión de políticos, que terminan por sucumbir.
¿Qué ocurrirá el día en que todos sean políticos, cuando todos se dediquen a vivir de nadie que trabaje? Y es un hecho que ese día va a llegar. El porvenir es harto delicado. Si no se ve con tiempo de poner remedio al azote politiqueril que nos ahoga, el final puede ser trágico.
¿En qué se diferencian los políticos actuales de aquellos engreídos señores que apenas dirigían la palabra a los trabajadores? Hoy tenemos la misma situación: Hombres endiosados que mandan y pobres gentes que mendigan un empleo. El mundo viviría mejor sin políticos.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia