sábado, 29 de marzo de 2014

Tiendas.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 29 marzo º014, sábado, San Jonás
           Las pequeñas tiendas, Venancio, no podrán mantenerse con los grandes comercios y el mercado de los martes. ¿Qué no puedes encontrar en Mercadona, en Dya o en Aldy? ¿Qué no venden los puestos de la Plaza? No sé qué venderán las tiendas pequeñas que van quedando en los pueblos. Quizás artículos que se olvidaron por comprar, como azafrán o un detergente. La guerra es desigual, la de un David contra Goliat.
-Pero David venció al gigante cuando nadie lo esperaba. Cosas que parecen imposibles se ven en la historia.
-No lo esperes aquí: las tiendas terminarán desapareciendo. ¿Qué pasó con los alpargateros cuando la gente dejó de usar alpargates? ¿Y los esparteros cuando apareció el plástico? ¿Qué tendrán que hacer los tenderos si nadie compra en su tienda? Tendrán que cerrar el kiosco que les daba de comer.
-¿Y de qué van a comer entonces, Eusebio?
-Se irán al paro.
-¿Y de qué van a comer si van al paro?
-Ay, díselo a esos millones de parados que hay en España, que ellos te lo dirán mejor.
-¿Era el David que has nombrado, el rey de los israelitas?
-El mismo, que se casó con la mujer de Urías.
-Si tenía que nacer Salomón no pudo ser de otro modo.
-Ya has recalado en tus teorías deterministas.
-Es que todo lo vemos natural a posteriori: si ocurrió es porque tenía que ser así. ¿Iba a pensar  Fernando VII, padre de Isabel II, que su mujer Mª Cristina –la del “me quiere  gobernar y yo le sigo la corriente”- se casaría a los tres meses de morir él con un tal Muñoz, guardia de Corps, y que tendría ocho hijos en diez años que duró su reinado? Luego se supo pero en vida ni ella se imaginaba que le sería tan infiel.
-Es que los Borbones fueron siempre… Desde Felipe V, que mandó Napoleón, al que tenemos hoy---
-¿Y por qué se han mantenido tantos años?
-No  escarbes, Julián, no escarbes en las heridas, que se pueden infectar. Antes estuvo la rama de los Austrias y era lo mismo. Y antes con la Reconquista, y antes con los visigodos… Las naciones necesitan una cabeza que gobierne. ¿Tú conoces que alguien vaya por el mundo descabezado?
-¿Pero qué gobierno ni qué ocho cuartos? No hacen falta lupas para ver que unos reyes se iban de caza y otros de juerga por la noche. ¿Cómo iba a gobernar Carlos II si era un muermo?
-Dejemos la fiesta en paz que puedes darte con los intereses creados de don Jacinto.
-Pues cortemos y hasta mañana.

                                                                                  Francisco Tomás Ortuño,  Murcia