miércoles, 26 de febrero de 2014

Mi ordenador se apaga.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 26 febrero 2014, miércoles, S. Dionisio

Murcia, las ocho de la mañana, en el comedor. Mi ordenador se apaga y no me dice los motivos. Si fuera una persona, le pedía explicaciones, pero a una máquina ¿qué le puedo decir? Cuando hace lo que le pido, bien poco por cierto, nos entendemos; cuando se apaga sin decir por qué, me desborda. Tengo que pedir ayuda a mis hijos: “¿Por qué se apaga cuando estaba escribiendo? ¿Qué he hecho para poderla ofender? ¿Cómo desagraviarla?

Porque el ordenador es como un niño caprichoso, que si le das donde no debes o le pides lo que no da, se ofende, se enfada y se enfurruña. A veces se apaga, que es como darte la espalda y no venir a razones por mucho que se lo pidas con mimos y halagos: “Venga, bonico, que no quería ofenderte, vuelve a escribir como antes”. Y si le coge de buenas, igual te hace caso; pero si no es su día, ya puedes arrodillarte que no se enciende ni con promesas millonarias.

Así lo tengo unos días, que se apaga cuando quiere y se enciende cuando le da la gana. Lina me dijo cómo tratarlo. Miguel también. Pero si me encuentro solo, como si quisiera fastidiarme, me lleva la contraria. “¿Qué te he hecho yo ahora?”, le suplico. “Si me lo dijeras, no lo haría. Ya sabes que los que nacimos el pasado siglo no podemos ser como los jóvenes, los de tu generación, que os entendéis hasta sin hablar. Los que escribimos con la máquina de escribir y con pluma y tintero, bastante hacemos con probar. Los niños que han nacido con vosotros, os conocen bien hasta con los ojos cerrados, pero los mayores no podemos. Somos de otro tiempo, de otros modos, de otro mundo. Compréndelo, ordenador, máquina insigne, ten piedad de los que nacimos antes”.

“Que si lo piensas mejor, no habéis venido al mundo sin nosotros. Parece que os molestamos, que apestamos, pero nosotros pusimos las bases a cuanto nació después. Una generación sin la anterior no existiría. Tenéis que comprenderlo. No digo que nos adoréis, pero los hijos deben amor y veneración a los mayores, no solo porque los trajeron al mundo sino porque crearon las bases de su tiempo. ¿Qué sería de los motores si antes no se hubiera descubierto la luz?

Vosotros venís al mundo en este siglo XXI y os encontráis multitud de cosas encantadoras, y pensáis que han existido siempre o que han nacido de la nada y caído por la chimenea. Y no es así. Todo se fraguó con el esfuerzo de vuestros antepasados. Vosotros sois los afortunados que vais a disfrutar del trabajo de vuestros padres y debéis estarles agradecidos. Bastaba que no pensarais trabajar un día y en viendo que era un mayor el que os pidiera trabajar, lo dejarais todo por atenderlo con cariño. “Perdone, no había visto que era usted el que lo pedía”. No, no pido sumisión y obediencia por ser vos quien sois. Pido la atención debida al ser que os trajo al mundo y os dio cuanto tenéis para disfrutar.

Mi ordenador parece escuchar. ¿Sabrá lo que estoy escribiendo? De pronto se ha encendido. Ahora me deja escribir. A mí estos aparatos me dan miedo. Como si tuvieran alma, me siento observado por un extraño que leyera tus pensamientos.


Francisco Tomás Ortuño, Murcia