lunes, 2 de junio de 2014

De limpiezas y peonzas.

Litesofía –entre literatura y filosofía-, 2 junio 2014, Día histórico en España
De limpiezas y peonzas –por ayer-.
Fragmento
     El día está nuboso. Miguel quiere limpiar la piscina y llenarla para el verano. “El sábado la preparamos”, decía en correos por internet. Pero no contaba con que “el hombre propone y Dios dispone”. Y hoy amaneció con grandes nubarrones queriendo descargar.
     Así y todo, Miguel, provisto de paraguas, ha emprendido la faena de tirar el agua que quedaba en la piscina y de limpiar las paredes. Cómo se reirán los encargados celestiales de las lluvias: “¿Qué se habrá creído? ¿Qué puede con nosotros?”.
     -Déjalo, Crescencio, y no seas malo, que la virtud debe reinar aquí hasta en el pensamiento, y tú parece que gozas venciendo al contrario.
     -Te voy a ser sincero, Maximino: debió de quedarme algún residuo terrenal, que no advirtieron en la puerta, y gozo fastidiando a los mortales. Sé que no está bien, que son faltas propias de la otra vida, pero no puedo remediarlo.
     -Confiésate, Crescencio, y deja esos sentimientos para los políticos de abajo, que bastante tienen con la renuncia de Rubalcaba a la Presidencia y la abdicación por fin del Rey don Juan Carlos en su hijo Don Felipe: No duermen pensando en zancadillas y descalabros. Eso no es vivir, Crescencio; da grima pensar que fuimos como ellos. No quieras volver a las andadas. Hazlo por tu bien, Crescencio, que la otra vida, por suerte, ya pasó. Confiésate y haz firme propósito de no desear mal a nadie.
     Mis nietos, Alba y Miguel Ángel, no paran de tirar sua peonzas en el comedor. De uvas a peras les rebailan, pero el ruido es infernal. Se ve que es la moda: no hay niño que no tenga la suya. Hace unos días, en Murcia, fue Francis a vernos con sus hijos. Lo mismo: cada uno llevaba la suya y todo era tirarla al suelo.
     Cuando yo era niño, como mis nietos hoy, uno de los amigos llevaba dinero, y fuimos a la carpintería de Pastor –luego mi suegro- a comprar zompos. Lo recuerdo como si fuera ayer. Conforme se entraba de la calle, a la izquierda, tenía una caja llena de zompos. Cada uno cogió el suyo. Luego la madre del niño que pagó los zompos fue recogiéndolos para que Inocencio le devolviera su dinero, que no tenía otro para comer, y su hijo se lo había cogido de la cartera.
     Como te digo, no ha sido el fin de semana que esperaba Miguel. Ha sido, más bien, el de las peonzas en la casa sin descansar.
     -Descansarían para comer.
     -Les gustaba tanto el juego y eran tan tenaces en aprender, que ni para eso: Los padres y la abuela detrás de los niños, con el tenedor en la mano para meter el bocado en la boca, como hacía Afrodisio con la pala del pan en su horno: “Toma otro poco”, y algunas veces había suerte y atinaban.
     -Yo creo que hacían mal dejándoles jugar a la hora de comer. Deben saber los niños que jugar es una cosa y comer es otra. Recuerdo otra vez mis tiempos de mi infancia: Jugábamos a la pelota en la calle y la madre de Jesús iba con el plato detrás de su hijo: “Jesús, pichón, come otro poco”. Nosotros la atropellábamos en nuestras carreras. “Jesusito, pichón mío, toma otro poco”. “¡Quítese de en medio, que la vamos a tirar!”, le decíamos. Y ella detrás de su hijo: “Jesusico, come, que ya te queda poco”.
                             Francisco Tomás Ortuño, Murcia