viernes, 15 de marzo de 2013

Sabandijas.


SABANDIJAS

La película que he visto -omito el nombre- es demasiado fuerte.
Tendrá su público, quizás, pero el mensaje es de una vaciedad
absoluta. Abundan el alcohol y el vicio. No es edificante. Las
pasiones andan sueltas como norma de vida y sólo reinan la violencia y
el abuso. Así, al final, se ve hasta con agrado que un hombre acabe
con un puñado de bestias humanas, como si fueran sabandijas,
arrojándoles agua hirviendo a la cara, cogiéndolos con cepos de
zorras, acabándolos a palo limpio o a tiros a quemarropa. Como se ve,
poco ejemplar.
Las personas llevamos con nosotros duendes que se llaman pecados
capitales; una razón que nos dicta lo que está bien y lo que está mal,
y una voluntad que le ayuda a luchar contra el mal. El mal quiere
obrar; la razón trata de impedirlo. Así de sencillo. No encuentro
sentido a estas películas, que alimentan las pasiones, que las incita
a desatarse. Es un contrasentido. Hay que acabar con las situaciones
creadoras de violencia.