Litesofía –entre literatura y filosofía-, 17 febrero 2.013
PAVOR
Me acuerdo del Colegio "San Andrés" de Murcia. Iba un equipo de sanitarios a hacer la preceptiva revisión médica a los niños. Esta se llevaba cabo en la biblioteca. Los pequeños, en la puerta, esperando su turno, estaban pálidos. Algunos a punto de desmayarse. Temían sobre todo a los pinchazos. Ante una jeringuilla sentían pavor, cosa que les ocurre a muchos que no son ya tan niños. Mi hija llevaba unos días preocupada con la vacuna. Apenas comía y dormía mal.
-¿Cuándo nos toca a los de quinto? -me preguntaba.
-Hoy no vais vosotros todavía -le respondía. Su rostro se iluminaba momentáneamente.
Los sustos es mejor pasarlos pronto. Pueden generar úlceras de estómago, o cosas peores. Tener a una persona esperando tiempo algo que teme, es un suplicio refinado para acabar con ella. ¿No ocurre lo mismo a muchos con la muerte?; ¿no estarán tristes porque ven en ella un final tenebroso? ¿No tendremos una juventud pasota y rabiosamente rebelde porque su futuro es poco claro?; ¿procederá su malhumor del miedo, como en los niños que esperaban su turno en la puerta de la biblioteca?