Litesofía –entre literatura y…-, 29
Oct. 12
Ayer te hablaba de un amigo que partió de cero un poco tarde y llegó lejos con
sus estudios. ¿Fue mérito propio o que su naturaleza lo empujaba, vellis
nollis, a volar? Esta es la cuestión que tanto ha preocupado a pedagogos.
Para mí está claro: nació para subir bien alto; poseía los elementos necesarios
para conseguir las metas que alcanzó; disponía de herramientas, de materiales,
de energía, de vitalidad, y luego supo aprovecharlos.
Son necesarios estos dos elementos conjuntamente: naturaleza y esfuerzo. Sin condiciones
naturales no habría podido; sin trabajo, sin esfuerzo, la buena tierra habría
quedado estéril. El cuerpo manda; el empleo que de él hagamos, hace el resto.
Otra cuestión delicada sería si el hacer uno es cosa nuestra o también de
fuerzas extrañas que determinan su puesta en acción. En este caso, no seríamos
responsables de nuestros éxitos o fracasos, sino víctimas propiciatorias de un
caprichoso hado o destino.
¿Se nace para santo?, ¿se nace para sabio? Ay, no te compliques la mañana con
preguntas difíciles de responder.