sábado, 2 de febrero de 2013

Murcia. Las ocho.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 2 Febrero 2.013, Sábado ventoso, lluvioso y frío. La Candelaria.
Fragmento

Murcia, las ocho. Mi galería me hace de termómetro, de barómetro, de Mónica y de Alejandra. Si escribo allí es que hace buen tiempo. Es como el garaje con los coches, o las playas con los bañistas. Es mi galería como aquellos campesinos que miraban las estrellas para pronosticar el tiempo.
Te cuento esto como preámbulo o exordio, ya que el tema de hoy en España y parte del extranjero es “Bárcenas y sus papeles”. ¡La que se ha armado con las Cuentas que sacó “El País”!
-Sí, hay un rumor en la calle que no me gusta. Diría que peligroso. ¿Qué ocurre, Avenancio?
-Las Cuentas de Bárcenas; hoy no se habla de otra cosa.
-¿Qué Cuentas son esas?
-¿Te acuerdas del 11-M? ¿Qué pasó aquel Once de Marzo cuando gritaban por la calle: “¡Fuera Aznar! ¡Fuera el PP!”, ¿te acuerdas?, hubo elecciones y ganó otro partido.
-Pero ¿quién es Bárcenas?
-Fue Tesorero muchos años del Partido Popular, y amasó tal fortuna que le pidieron cuentas: “¿De dónde tantos caudales, señor Bárcenas?”. Y por si fuera poco, un periódico ha dicho que lo repartía en “sobres” o “sobresueldos” a sus jefes y amigos. ¡La que se ha montado! Rubalcaba ha saltado como gato al que le pisan el rabo: “¡A ver esas Cuentas”. “¡A ver esas Cuentas!”. “Explique en la Cámara, señor Rajoy, lo de los sobres!”.
Sabe muy bien que del lío, tumulto o marabunta, puede salir otro cambio de Gobierno, como pasó la otra vez. “¡Diga bien claro a los españoles si recibió “sobres” o no!”. “¡Y si recibió dinero, si era blanco o negro!”.
Como perro que pega un bocado en el trasero a un viandante y no lo suelta, así está don Alfredo con Rajoy.
-¿Y lo pide un hombre que no dio cuentas antes del Faisán, ni de Filesa, ni de tantos otros casos que se perdieron en el camino?

Coches


   COCHES
            Sin coche es difícil concebir nuestro vivir de hoy. No sólo es necesario sino imprescindible. Forma parte de la familia. Cuesta imaginar la vida moderna sin los coches. Nuestros padres, hace cincuenta años, vivían de otro modo. Pasaban sin coche y eran felices en el campo, a pocos kilómetros del pueblo. Amasaban pan en sus hornos y utilizaban carros, tirados por mulas, en sus desplazamientos. Hoy han desaparecido los carros, las caballerías y los hornos de cocer el pan en los campos. Los jóvenes quizás piensen que esos tiempos son de leyenda o poco menos; pero lo cierto es que el cambio ha sucedido en un abrir y cerrar de ojos. El coche es hoy representativo de una época, como lo fue el carro de la anterior, como quizás lo sea el avión en el futuro.