viernes, 10 de mayo de 2013

Espiga.


Litesofía –entre leteratura y filosofía-, 10 Mayo 2.013, viernes
ESPIGA
            Cuando de pequeño te dicen que un melocotonero es un albaricoquero, o que una mata de melones es de calabazas, siempre las confundirás, que tal fuerza tienen las primeras impresiones de la vida. Sabiendo esto, qué bueno sería llevar a los niños al campo, a mostrarles plantas, hojas, frutos y animales con sus verdaderos nombres. No decirles que toda especie vegetal que tiene tronco es un árbol ni que todo arbusto es una mata. Que luego, cuando tenga mala enmienda, verán un pino, olmo, álamo, chopo, olivo, granado o palmera, y a todos nombrarán con el mismo apelativo. A muchos nos ocurre que no distinguimos la espiga de cebada de la del trigo en el sembrado, por no haber tenido la suerte de que alguien de pequeños nos lo hubiera enseñado.
            Con los animales, lo mismo: Que alguien mostrara a los niños una granja, para distinguir siempre una paloma de una perdiz, un conejo de una liebre, una oca de un pato, un cuclillo de un jacamar. No digamos los insectos, que después te serían familiares, y así te ves condenado a llamar gusanos o bichos a todo cuanto se mueve si es pequeño, por no conocer su nombre.
            Yo de mayor sentí vergüenza de mi ignorancia, lo confieso con humildad; no sabía lo que era un grillo, una langosta, un alacrán o un escorpión. Y culpo de ello a mis maestros, que nunca me llevaron al campo. Recitaba, eso sí, los ríos de Europa y los reyes de España; pero ver un animal, ni en pintura. Hasta que ya por mi cuenta, me introduje en el fascinante mundo de las plantas y los animales a cubrir en parte el tremendo páramo de mi alma.
Por si a ti te ocurrió lo mismo y después no reparaste por tu cuenta el yerro, te describiré unos cuantos de estos seres que a mí me trajeron de cabeza hasta bien tarde por no haberlos aprendido cuando debí hacerlo:
            grillo: insecto de 1'5 a 2'5 cm., cuatro alas, color negro o pardo; con las alas produce un canto particular, sobre todo de noche.
            chicharra: nombre que se da en algunos lugares a la cigarra.
            cigarra: insecto de 4 cm., color verdoso amarillo, cabeza gruesa y ojos salientes; en tiempo de mucho calor produce un ruido estridente y monótono con un aparato muy complicado de su abdomen.
            langosta: insecto de color gris amarillento, de 2 a 4 cm. de largo, cabeza gruesa, antenas finas, tres pares de patas -el tercero muy robusto, a propósito para saltar-,agudos dientes, devora todas las plantas de provincias enteras, especialmente las mieses.       
            alacrán: color amarillento, 6 - 8 cm., dos grandes patas maxilares parecidas a las tenazas de los cangrejos; aguijón venenoso; la picadura produce un dolor inaguantable y hasta la muerte: "Si te pica el alacrán, llama al cura y al sacristán", dice un proverbio.
            sapo: batracio de 8 - 9 cm., color verde pardusco, es inocente y come insectos; se libra de sus enemigos hinchándose de aire una capa de piel como una bola.
            rana: batracio de color verde con manchas negras y tres rayas pajizas en toda su longitud; 5 - 7'5 cm.; piel lisa y lustrosa y dedos palmeados; cabeza grande y ojos saltones; anda dando saltos; su carne es un manjar delicado.
            lagarto: reptil muy común en España, de 25 - 30 cm.; boca grande con agudos dientes; cuerpo casi cilíndrico y cola larga cónica; cuatro patas cortas con cinco dedos de afiladas uñas; piel con laminillas a manera de escamas  -blancas en el vientre y verde-amarillo-azul en el resto-; inofensivo y muy útil por la cantidad de insectos que devora.
            lagartija: diminutivo de lagarto, 7 - 9 cm.; asustadiza, vive por escombros y paredes.
            salamandra: cuerpo alargado, cola larga, cuatro patas laterales, piel sin escamas de color negro con manchas amarillas, inofensiva, huidiza, casi sorda y ciega; se alimenta de insectos y lombrices. La salamandra puede ser acuática y terrestre: la acuática se denomina tritón y la terrestre salamanquesa.
            Podríamos seguir con más ejemplos, pero la idea está ahí, y basta.
Francisco Tomás Ortuño, Murcia

Termómetros.


Litesofía –entre literatura y filosofía-, 9 Mayo 2.013, jueves
TERMOMETROS –fragmento-
             Los termómetros van a reventar. ¿Quién vio primero que el mercurio se dilataba y pensó en marcar los grados  de calor? Hoy quedó superado el invento con la electrónica, pero todos conocemos el clásico termómetro para saber la temperatura ambiental o la fiebre  que tenemos.
            Pues si, fue por el siglo XVII cuando el holandés Drebbel inventó el aparato, y tuvo que pasar tiempo para que se perfeccionara. Primero era aire lo que se dilataba; luego alcohol; después agua. Farenheit, en 1720 pensó que la dilatación regular del mercurio hacía de este metal lo más indicado para el termómetro. Y así quedó. Luego todo fue hacer cambios accidentales.
            Antes de inventarse el termómetro, la gente diría: "Hoy hace más calor que ayer". Pero no podía decir: "Hoy hace justo la mitad de calor que ayer". Medir con precisión el calor atmosférico o corporal fue como reducir al enemigo o cronometrar el tiempo.
            Es de admirar cómo el hombre fue inventando cosas para vivir mejor, por su  curiosidad y su capacidad creadora. Aunque no hubiera querido, hubiera inventado: en su inevitable madurez, la razón investigaba y él aplicaba sus descubrimientos.
            Los orígenes del hombre serían de poquísimas necesidades. Una de estas primeras necesidades sería construir armas para defenderse de los animales. Cuando tuviera frío, pensaría en cubrirse el cuerpo y en hacerse viviendas.
Con el calor, lo mismo: “Deseo estar a veinticinco grados y tres décimas". El calor ha sido domesticado. A voluntad. Más ya no puede hacerse. El frigorífico moderno, el aire acondicionado en todas sus modalidades, es la perfección suma en el campo de la térmica.
            ¿Estaría en los cálculos del Creador que el hombre hiciera y deshiciera a su antojo sin provocar enfados en la cúpula? 
Francisco Tomás Ortuño. Escritor, Murcia