Litesofía –entre literatura y filosofía-, 9 Mayo 2.013, jueves
TERMOMETROS –fragmento-
Los termómetros van a reventar. ¿Quién vio primero que el mercurio se dilataba y pensó en marcar los grados de calor? Hoy quedó superado el invento con la electrónica, pero todos conocemos el clásico termómetro para saber la temperatura ambiental o la fiebre que tenemos.
Pues si, fue por el siglo XVII cuando el holandés Drebbel inventó el aparato, y tuvo que pasar tiempo para que se perfeccionara. Primero era aire lo que se dilataba; luego alcohol; después agua. Farenheit, en 1720 pensó que la dilatación regular del mercurio hacía de este metal lo más indicado para el termómetro. Y así quedó. Luego todo fue hacer cambios accidentales.
Antes de inventarse el termómetro, la gente diría: "Hoy hace más calor que ayer". Pero no podía decir: "Hoy hace justo la mitad de calor que ayer". Medir con precisión el calor atmosférico o corporal fue como reducir al enemigo o cronometrar el tiempo.
Es de admirar cómo el hombre fue inventando cosas para vivir mejor, por su curiosidad y su capacidad creadora. Aunque no hubiera querido, hubiera inventado: en su inevitable madurez, la razón investigaba y él aplicaba sus descubrimientos.
Los orígenes del hombre serían de poquísimas necesidades. Una de estas primeras necesidades sería construir armas para defenderse de los animales. Cuando tuviera frío, pensaría en cubrirse el cuerpo y en hacerse viviendas.
Con el calor, lo mismo: “Deseo estar a veinticinco grados y tres décimas". El calor ha sido domesticado. A voluntad. Más ya no puede hacerse. El frigorífico moderno, el aire acondicionado en todas sus modalidades, es la perfección suma en el campo de la térmica.
¿Estaría en los cálculos del Creador que el hombre hiciera y deshiciera a su antojo sin provocar enfados en la cúpula?
Francisco Tomás Ortuño. Escritor, Murcia
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